Netanyahu asume la presidencia del Gobierno sentado en el banquillo

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Resumen Medio Oriente, 12 de mayo de 2020—

Benjamín Netanyahu será investido primer ministro de Israel el jueves. Estará al frente de un gobierno de 36 ministros, el más amplio de la historia del país. Los dos desafíos a los que se enfrenta son la anexión inminente del 30% de Cisjordania ocupada en la guerra de 1967, que cuenta con el visto bueno de Donald Trump, y el juicio por corrupción que lo sentará en el banquillo dentro de dos semanas.

El 24 de mayo se inicia el juicio por corrupción del primer ministro Benjamín Netanyahu. Debido a las restricciones por el coronavirus, el tribunal de distrito de Jerusalén que le corresponde ha decidido limitar la presencia de abogados y fiscales. En cuanto a los periodistas, tendrán que seguir el procedimiento desde dos salas vecinas, aunque esta circunstancia no impedirá su trascendencia mediática.

Además, el tribunal ha anunciado que no se retransmitirá en directo por televisión. La expectación es grande y los jueces no han aclarado por qué no se dará la señal a las televisiones. El abogado del estado, Avichai Mandelblit, el mismo que fue escogido por Netanyahu y que dio luz verde a su procesamiento, había indicado que si los abogados del primer ministro mostraban interés, él no se oponía a dar la señal a la televisión.

Seguramente será un proceso largo y tortuoso si, como parece, el planteamiento elegido por la defensa es demorarlo todo lo posible, puesto que existe la posibilidad de que Netanyahu sea condenado. En ningún caso el primer ministro querrá que una condena le estropee los dieciocho meses de mandato que ha pactado con sus flamantes amigos de Azul y Blanco, aunque a cambio tendrá que sentarse a menudo en el banquillo.

La investidura se ha fijado para el jueves de esta semana, un día después de que el secretario de Estado Mike Pompeo visite Israel con una agenda que incluye las viejas aspiraciones de Netanyahu: la anexión de gran parte de la Cisjordania ocupada y la adopción de nuevas sanciones contra Irán. Ninguna administración de Washington ha sido más generosa con Israel ni se ha saltado el derecho internacional de una manera tan alegre y descarada para defender los dudosos principios sionistas del momento.

Que los americanos van a hacer todo lo que les pida Netanyahu está fuera de duda. Al contrario, harán todavía más de lo que desea el primer ministro. Algunos medios hebreos señalan que la ausencia de vergüenza por parte de Pompeo en relación con el tema israelí podría explicarse si el secretario de Estado está preparando su asalto a la Casa Blanca en las elecciones de 2024, después de que Donald Trump cumpla sus dos mandatos.

El lunes el diario Haaretz sugería que Netanyahu tiene a Trump bien agarrado por el cuello con la campaña para las elecciones de noviembre. Con su caótica gestión de la crisis del coronavirus y la crisis económica, Trump va a necesitar todos los votos que pueda conseguir, incluidos los de la nutrida comunidad evangélica, que una vez más podrían ser decisivos.

Los evangélicos constituyen la cuarta parte de los votantes. En 2016 Trump obtuvo el 76 por ciento de las papeletas evangélicas mientras que la demócrata Hillary Clinton se quedó con solo el 19 por ciento. Un sondeo de Pew Research de febrero último recogía que el 81 por ciento de los evangélicos cree que Trump lucha por los intereses de la comunidad evangélica y el 69 por ciento asegura que el presidente es honrado.

En opinión de Haaretz, los evangélicos volverán a volcarse con Trump en noviembre. Uno de los pilares evangélicos es un sionismo desmesurado que está a favor de la anexión de Cisjordania, de manera que Trump no solo apoyará la anexión unilateral sino que presionará a Netanyahu para que la haga en el momento adecuado para impulsar su carrera presidencial.

Netanyahu comparte los principios evangélicos porque son sus propios principios. Las relaciones del primer ministro con los evangélicos son tan estrechas que la prensa hebrea en más de una ocasión ha escrito que Netanyahu dicta la política exterior de la comunidad evangélica con respecto a Oriente Próximo, incluyendo el dossier iraní que juega a favor de Netanyahu en sus taimadas relaciones con países como Arabia Saudí o los Emiratos Árabes Unidos.

La única impureza que se ve en el horizonte se deriva de una hipotética victoria de Biden en noviembre. El candidato demócrata dijo la semana pasada que es partidario de la solución de los dos estados y se opone a la anexión unilateral. Es algo comprensible puesto que una parte considerable de las bases demócratas están contra la anexión.

Pero Biden es un político acusadamente proisraelí y lo ha demostrado durante toda su vida. Una de sus frases más recogidas por los medios hebreos dice: «Me llamo Joe Biden y amo Israel». Biden también presume es que uno de sus vástagos está casado con una judía y está familiarizado con la cultura y la religión judías.

A pesar de estas declaraciones de Biden, Netanyahu prefiere a Trump, que desde el principio ha entendido cuáles son los objetivos expansionistas y los jalea. De ahí, que Netanyahu quiera proceder con la anexión de Cisjordania cuanto antes para presentar una vez más a la comunidad internacional hechos consumados, máxime ahora que puede aprovechar que el encefalograma de la Unión Europea es completamente plano en lo relativo a Oriente Próximo.

Fuente: Eugenio García Gascón, Público . España

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