Cómo Israel se convirtió en uno de los peores estados delincuentes del mundo

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Resumen Medio Oriente, PALESTINALIBRE.org, 3 de diciembre de 2019—

A pesar de la propaganda, Israel no es una democracia y nunca lo ha sido. Ahora todo se empeorará aún más con el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump y su desprecio total al derecho internacional y optar por la «ley de la selva». Israel hoy es una máquina de propaganda, desinformación y fábrica de mitos para avalar su Apartheid institucionalizado, discriminación legalizada, colonialismo hiper violento y un terrorismo estatal sin límites. Es un verdadero “Estado Delincuente”

Como parte integral de su permanente y sistemática propaganda, Israel, junto a sus fervientes partidarios y hordas de agentes pagados y anónimos, repite celosamente y difunde, en los medios de comunicación, en los campus universitarios, en blogs y secciones de comentarios, en conferencias y más, lo mismo de siempre, los mismos agotados ​​mitos del sionismo.

Las guías y procedimientos de propaganda y los kits de herramientas, como el «diccionario global de idiomas», ofrecen argumentos y contraargumentos listos para vender Israel a periodistas y críticos. Tales puntos de conversación vienen con consejos sobre qué tono y tácticas retóricas usar, qué palabras y fórmulas «funcionan», y cómo discutir temas «delicados», como la colonización ilegal de Israel y la anexión de tierras palestinas, asentamientos judíos y el asesinato de civiles…

Ahora todo se empeorará aún más ya que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha recompensado y envalentonado a Israel al reconocer su colonización ilegal y brutal (sus «asentamientos»). Del mismo modo, ha ofrecido otra espectacular demostración del desprecio total de los Estados Unidos por el conjunto del derecho internacional.

Establecer un ejemplo de este tipo solo enviará el mensaje a todos los déspotas, autócratas y tiranos de varios bandos y sectores en todo el mundo de que no solo está bien robar, colonizar y brutalizar a las poblaciones débiles e indefensas, sino que incluso puede ser recompensado por países occidentales por adoptar la «ley de la selva«.

 

Máquina de desinformación

Los medios de comunicación están saturados de noticias alentadoras sobre el «milagro económico israelí», su riqueza y sus altos estándares de vida, y su floreciente industria de nuevas tecnologías y nuevas empresas. Pero, ¿alguna vez se ha escuchado de un medio de comunicación dominante o político occidental que una quinta parte de los israelíes viven por debajo del umbral de la pobreza, que las personas se ven obligadas a buscar comida en la basura para evitar morir de hambre, o que Israel tiene la tasa de pobreza más alta de todas países del mundo desarrollado?

Lo más probable es que la respuesta sea NO, y debemos preguntarnos por qué. Otras mentiras propagadas por la máquina de desinformación de Israel incluyen los mitos de origen, el más famoso es el mito de Palestina como «una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra», que extrañamente persiste, a pesar de su absurdo histórico. Israel depende mucho de la ignorancia y de la credulidad.

Esta magnífica colección fotográfica interactiva de Palestina anterior a 1948 es suficiente para pulverizar esa mentira revisionista, que busca eliminar la noción misma de la existencia de palestinos en la tierra antes de que las potencias coloniales occidentales se la entregaran a los emigrantes judíos de Europa y otros lugares. Los palestinos fueron obligados a pagar por un Holocausto que Europa había cometido y en el que ellos mismos no participaron.

Además de la naturaleza patética de tales operaciones de relaciones públicas para contrarrestar las críticas y mejorar la desastrosa imagen global de Israel, su efectividad es más que un poco incierta.

Cuando circulan noticias e imágenes de las matanzas y mutilaciones de niños palestinos por parte de Israel, bombardeos deliberados de escuelas y uso indiscriminado de fósforo blanco en barrios enteros, es difícil retratar de manera convincente a un estado tan depredador, violento y terrorista como noble, democrático, pacífico o civilizado, como lo pretende la propaganda sionista.

Mitos sionistas

El mito sionista más común es la narrativa de que Israel es la «única democracia» en la región, una que algunos incluso describen como una democracia liberal, igualitaria y de estilo occidental. Este grotesco cuento de hadas perpetúa la falacia de una similitud de regímenes, de un destino común y de una alianza natural entre Israel y las naciones occidentales. La propaganda racista a menudo lo compara con los estados árabes y las sociedades de mayoría musulmana inevitablemente “bárbaros”, atrasados ​​y antidemocráticos.

Esta descripción engañosa se hace eco del discurso más amplio, aún más siniestro, pero igualmente falaz, del «choque de civilizaciones» de Huntington, que es en sí mismo la reformulación cultural en términos de civilización de las viejas ideologías de las diferencias raciales.

Repetir una mentira varias veces no la hace cierta, aunque los agentes de Israel creen claramente que sí. Israel no es democracia, y ciertamente no es un estado «liberal, igualitario». Dos hechos escalofriantes y categóricos pueden fácilmente desacreditar este mito.

En primer lugar, está la adquisición de la nacionalidad y ciudadanía israelíes a través de la religión. La Ley de Retorno permite a cualquier judío, en cualquier parte del mundo, emigrar a Israel y obtener la ciudadanía israelí plena, aún             que él o algún familiar nunca han estado en esa tierra. Un camino privilegiado y real hacia la ciudadanía está reservado exclusivamente para los judíos, mientras se les niega a los miembros de otras religiones. La discriminación religiosa se institucionaliza como política oficial del estado.

 

Leyes arcaicos de matrimonio

Imagínense por un minuto cuán «democráticos» serían los países como Francia, Alemania, Gran Bretaña o los Estados Unidos si decidieran que, de ahora en adelante, los cristianos de todo el mundo, pero solo los cristianos, podrían emigrar libremente y establecerse allí, y a diferencia de los miembros de cualquier otra religión, o incluso los ateos, automáticamente se les otorgaría la ciudadanía a su llegada.

Esto equivaldría a descartar sus principios democráticos más fundamentales y básicos, incluido su preciado secularismo, pero esa discriminación religiosa institucionalizada es exactamente lo que Israel practica.

En segundo lugar, está el tema del matrimonio. Dada la enorme maquinaria de propaganda pro-israelí, junto con la complicidad silenciosa de nuestros medios de comunicación y gobiernos occidentales, muchas personas podrían ignorar que en Israel, solo las autoridades religiosas pueden oficiar matrimonios. No se permiten matrimonios civiles, no religiosos.

Peor aún, los matrimonios mixtos interreligiosos también están prohibidos por ley, lo que obliga a las parejas interreligiosas a casarse en el extranjero. Cuando regresan, la pareja no judía a menudo recibe un trato ciudadano de segunda clase por parte del estado.

Nuevamente, imaginemos lo que sucedería con las democracias francesa, británica, alemana o estadounidense si tuviéramos que aplicar estos arcaicos principios. El estado israelí, más bien impensable para aquellos de nosotros que vivimos en democracias reales, se las arregla para hacer aún más duras esas prácticas ya retrasadas, imponiendo una sentencia de prisión de dos años a las parejas que se casan por una autoridad religiosa no acreditada por el estado.

A pesar de todo esto, el primer ministro Benjamin Netanyahu y sus secuaces de relaciones públicas continuamente nos explican, con franqueza, cuán democrático, igualitario, tolerante, abierto y culto ha sido siempre el estado de Israel, y cómo otorga a todos sus ciudadanos los mismos derechos.

Apartheid institucionalizado

Israel ya era un estado profundamente racista, no igualitario, antidemocrático y teocrático antes de que se aprobara la ley del estado nación el año pasado. Ahora, es aún peor.

Concebido desde el principio como un «estado judío» teocrático (etno religioso), una descripción que finalmente ha reconocido abiertamente a través de la ley del estado nación, tal como otros países se consideraron a sí mismos como «estados blancos» (Sudáfrica, los Estados Unidos segregacionistas), No es sorprendente que Israel haya instituido rápidamente un verdadero sistema de apartheid.

Esta realidad es fácilmente visible para cualquier persona en el terreno, y ha sido abundantemente documentada durante décadas por los medios de comunicación, todas las principales organizaciones de derechos humanos, equipos independientes en el terreno con mandato de la ONU, activistas palestinos e israelíes, ONGs y académicos, que explican cómo Israel, un régimen del apartheid que inventa constantemente formas nuevas y creativas para perpetuarse y consolidarse.

Los sobrevivientes judíos del Holocausto y sus descendientes han denunciado a Israel como un estado de apartheid estructuralmente segregacionista e incluso fascista. Uno puede asumir con seguridad que cuando haya sobrevivido a Auschwitz, como lo hizo el profesor Hajo Meyer, puede reconocer el fascismo en acción, particularmente en su propio país.

Los veteranos del Congreso Nacional Africano que se pasaron la vida luchando contra el apartheid en Sudáfrica también han declarado que lo que vieron en Israel fue en algunos aspectos peor de lo que enfrentaron en casa. Incluso el presidente estadounidense Jimmy Carter escribió un libro completo sobre el apartheid de Israel, explicando cómo los palestinos fueron enjaulados en una prisión al aire libre peor de lo que los sudafricanos tuvieron que enfrentar.

Discriminación legalizada

La discriminación de Israel contra sus ciudadanos árabes, entre otros, no es solo un fenómeno social, económico o cultural. Otros país tiene una parte de algo similar. No obstante, en el caso de Israel, la discriminación se institucionaliza, también se inscribe en su sistema de justicia.

«La ley israelí incluye numerosas disposiciones que afirman e institucionalizan explícitamente un principio de desigualdad entre judíos y árabes», señala el profesor y político árabe-israelí Yousef Jabareen.

“Para citar solo un ejemplo, la bandera israelí, con su Estrella de David, representa solo a la mayoría judía del país. Pero este tratamiento diferencial ciertamente no se limita al ámbito de lo simbólico. Existe en todos los ámbitos de la vida: la definición del estado y sus símbolos, pero también las leyes de inmigración, ciudadanía, participación política, acceso a la tierra, cultura, religión, políticas presupuestarias, etc. »

Al igual que la Ley de Retorno, los «asentamientos» en Cisjordania ocupada, a menudo las violaciones e infracciones directas a la propia ley israelí y las principales violaciones al derecho internacional, están exclusivamente reservados para los judíos.

Israel invierte considerables recursos en infraestructura y servicios sociales, pero a los no judíos no se les permite vivir en los asentamientos, a pesar de que a menudo se construyen en tierras confiscadas de propiedad privada de palestinos.

Estos colonos viven entre una población de más de tres millones de palestinos en Cisjordania y Jerusalén Este, que viven bajo una ocupación militar, brutal y omnipresente. Otros dos millones de palestinos viven bajo terrorífico asedio militar en Gaza. Ninguno tiene derecho a votar en las elecciones israelíes.

Nuevamente, imagine el escándalo si Gran Bretaña o Estados Unidos comenzaron a invadir territorios fuera de sus fronteras internacionalmente reconocidas, anexar ilegalmente la tierra y los recursos, y luego comenzaron a crear asentamientos solo para cristianos en esas áreas.

Las docenas de leyes israelíes que discriminan explícitamente a los ciudadanos árabes y palestinos en los territorios ocupados están bien documentadas. Se puede acceder a ellos a través de la base de datos de búsqueda de la organización de Derechos Humanos Adalah y se aplican a todos los aspectos de la vida palestina: ciudadanía, educación, derechos políticos y económicos, residencia, idioma, cultura, religión, etc.

Colonialismo hiper violento

Incluso el acceso al agua, el recurso más fundamental y que sustenta la vida, es objeto de un trato diferencial por parte de Israel, que nunca ha dudado en confiscar el agua o utilizarla como arma de guerra para castigar colectivamente a poblaciones enteras.

Desde que se adoptó la ley del estado nación, la discriminación sistémica de Israel ha empeorado aún más, con la aprobación de nuevas leyes para afianzar aún más y ampliar la desigualdad.

Además de toda esta evidencia de que Israel no es democracia, el estado también se ha vuelto mundialmente infame por su colonialismo implacable, ilegal, supremacista e hiper violento; su anexión de tierra a punta de pistola; su terrorismo militar; y sus ejércitos de fanáticos «colonos» judíos, que son más que delincuentes internacionales y ladrones de tierras.

Durante su medio siglo de ocupación ilegal y anexión, que ahora está condenado a empeorar aún más, Israel ha violado deliberadamente y con conocimiento casi todas las convenciones, tratados y resoluciones de la ONU y todos los acuerdos del derecho internacional, incluidas las Convenciones de Ginebra, la Carta de las Naciones Unidas, el Plan de Partición de la ONU de 1947, los acuerdos de Camp David y Oslo, etc.

Tal comportamiento sin ley le ha dado a Israel el honor distintivo de estar entre los países que durante décadas han sido, y continúan siendo, regularmente condenados por todas las principales organizaciones de derechos humanos, y por parte de la propia ONU.

Distintivamente terror israelí

Es difícil encontrar un estado deshonesto y delincuente peor que Israel. Desde sus inicios, ha practicado la limpieza étnica, Israel ha castigado colectivamente a poblaciones civiles indefensas, matando a familias enteras, mutilando deliberadamente a niños, bombardeando escuelas y hospitales, cometiendo atrocidades e indesmentibles crímenes y barbaries, que se han convertido algo distintivo y parte de la esencia de Israel.

Incluso los propios soldados israelíes, miles de ellos, a menudo soldados de élite reagrupados en organizaciones veteranas como Breaking the Silence, están exponiendo y documentando los ataques sistemáticos y deliberados de Israel a palestinos indefensos. Por mucho que los veteranos del Congreso Nacional Africano conozcan el apartheid, y los sobrevivientes del Holocausto sepan del fascismo, cuando lo ven, estos valientes soldados seguramente saben de lo que están hablando, ya que alguna vez formaron parte de él.

Pero ellos también son probablemente «antisemitas» o «judíos que se odian a sí mismos»; en lugar de ellos, ¿tal vez deberíamos creer a personas como Netanyahu, que continúa afirmando que Israel es la «única democracia» de la región?

Fuente: Middle East Eye

Traducción: Palestinalibre.org

Copyleft: Toda reproducción de este artículo debe contar con el enlace al original en inglés y a la traducción de Palestinalibre.org 

Autor Alain Gabón

El Dr. Alain Gabón es profesor asociado de francés con sede en los Estados Unidos y es el jefe del Departamento de francés en Wesleyan College en Virginia. Ha escrito numerosos artículos e investigaciones sobre la Francia contemporánea y el Islam en Europa y en todo el mundo. Sus trabajos han sido publicados por revistas académicas, grupos de expertos, como la Fundación Córdoba de Gran Bretaña, y medios de comunicación convencionales, como Saphirnews y Les cahiers de l’Islam. Su ensayo titulado «Radicalization islamiste et menace djihadiste en Occident: le double mythe» aparecerá en una próxima publicación de la Fundación Córdoba.

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