La revuelta de los judíos negros en Tel Aviv

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Resumen Medio Oriente, 9 de julio de 2019—

Los judíos negros de ‘Israel’ son las víctimas de años de discriminación sionista ¿Se unirán eventualmente a la lucha armada de los palestinos contra ‘Israel’? Esta es una hipótesis que no debe descartarse, dado el profundo odio que la política racista de Israel ha creado en el seno de esta comunidad. Hace unos días, los falashas gritaron “¡Libertad para Palestina! ¡Viva Palestina!” en las calles de Tel Aviv. Quienes ven la insurgencia de los judíos nacidos en Etiopía en los territorios palestinos ocupados como un fenómeno pasajero están equivocados, porque esta revuelta tiene causas profundas y ha asestado un golpe fatal a la seguridad de ‘Israel’, a la vez que ha revelado sus políticas racistas.

En un artículo titulado “Las protestas de los falashas y el impasse del régimen de ocupación”, el sitio de noticias Arabi21 observó la reciente ola de levantamientos de las comunidades de negros etíopes en varias ciudades israelíes.

Las manifestaciones violentas en los territorios palestinos ocupados, encabezados por los judíos de Falasha, se iniciaron como protestas por la liberación de un oficial de policía que había matado a un ciudadano israelí falasha de 19 años nacido en Etiopía.

La liberación del oficial de policía enojó a los judíos etíopes que describieron la liberación como una muestra de la discriminación racial contra ellos. Los miembros de esta comunidad descendieron a las calles para expresar su oposición a esta decisión y cortaron las carreteras principales. La ola de protesta, que afectó a las ciudades de Tel Aviv y Haifa, preocupó a los oficiales de seguridad de ‘Israel’.

Según Arabi21, es obvio que los manifestantes no tomaron las calles solo para pedir la destitución del policía que mató al joven. Ahora reclaman sus derechos más básicos y el fin de la práctica de las políticas discriminatorias y racistas contra ellos, especialmente debido a sus orígenes africanos.

Algunos analistas políticos citados por Arabi21 encontraron que los recientes disturbios fueron más allá de las meras protestas: “Las manifestaciones han demostrado que el tejido social de Israel está dañado y que el país está atravesando profundas crisis internas. El asesinato premeditado del joven etíope por un policía israelí fue el detonante de estas manifestaciones y expuso el racismo arraigado en la sociedad israelí.”

En el resto del artículo, el autor cuestiona la capacidad del régimen israelí para controlar la situación. Ante las crecientes tensiones, el primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, solo ha pedido a los manifestantes que den muestras de contención y convocó una reunión de gabinete de emergencia para abordar los problemas de los falasha.

“No está claro si las fuerzas de seguridad israelíes lograrán controlar la situación o no. Lo importante es que todo el mundo se ha dado cuenta de las políticas racistas de “Israel”, que ya no se pueden ocultar, y que “Israel” está hoy en día lleno de problemas internos y externos”, concluyó el artículo.

La protesta que no cesa

Muchos llegaron en un puente aéreo desde Adís Abeba hasta Tel Aviv para acabar en poblados marginales. Más de 14.000 judíos africanos fueron evacuados por Israel en 36 horas durante la operación Salomón, en un éxodo que asombró al mundo en 1991. Pero el periplo de 2.500 kilómetros que recorrió la tribu perdida falasha hasta la Tierra Prometida supuso también un viaje en el tiempo que se estrelló contra la discriminación de una sociedad de castas. Miles de manifestantes de origen etíope se han echado a las calles desde el lunes para expresar su rabia por la muerte de un joven por disparos de un policía.

Salomón Teka, de 18 años, fue abatido en las afueras de Haifa, ciudad portuaria del norte, en la noche de domingo. Un agente que se encontraba fuera de servicio abrió fuego tras verse atacado, según declaró, al intentar impedir una pelea entre jóvenes. Testigos de lo hechos aseguraron a la prensa hebrea que no llegó a ser agredido en ningún momento. El servicio de asuntos internos ha abierto una investigación sobre la actuación del policía, que permanece suspendido de empleo y bajo arresto domiciliario. El pasado enero, el también falasha Yehuda Biadga, de 24 años, murió tiroteado por la policía en Tel Aviv.

Una tercera parte de los 150.000 judíos etíopes censados en Israel, un 2% de la población, ha nacido en el país. Hace cuatro años, otro episodio en el que fue maltratado por agentes un joven soldado de origen africano ya desencadenó una ola de revueltas durante varias semanas, que fue finalmente frenada por el Gobierno con la promesa de poner coto a la violencia policial y mejorar las condiciones de vida de la comunidad. La radicalización de la protesta de la generación de los etíopes sabra (nacidos en el Estado judío) es atribuida a la ruptura con las estructuras de poder patriarcal de la comunidad, que desde la inmigración a Israel estaba en manos de líderes religiosos.

Los disturbios registrados en los últimos días se han saldado con 135 detenidos por lanzar piedras y cócteles molotov a las fuerzas antidisturbios, que han optado por mantenerse en un segundo plano para evitar que se disparase la tensión. Los manifestantes de origen africano, que ocuparon los accesos a Tel Aviv y otras ciudades, causaron el martes uno de los mayores embotellamientos que se recuerdan en las congestionadas carreteras israelíes.

Mientras el primer ministro, Benjamín Netanyahu, lanzaba el miércoles  un ultimátum para advertir que recurriría a la mano dura si no cesaba de inmediato la violencia, el presidente de Israel, el conservador moderado Reuven Rivlin, llamaba al diálogo para restaurar la calma.

Las promesas no se han cumplido para los falashas, que no han acabado de integrarse en una compleja sociedad que oscila desde el liberal ecosistema de empresas tecnológicas emergentes y el fanatismo de los distritos ultraortodoxos, pasando por la minoría árabe (20% de la población). Cuando los primeros etíopes llegaron a Israel, el rabinato les exigió una conversión simbólica mediante un baño ritual. Fueron los únicos inmigrantes judíos que tuvieron que ser purificados. Años mas tarde estalló un nuevo escándalo, al desvelarse que la Estrella de David Roja, el servicio de emergencias sanitarias, se había deshecho de las donaciones de sangre de los falashas al alegar que podían estar infectadas por VIH.

Un tercio de las familias etíopes se sitúan por debajo del umbral de la pobreza, mientras que en el conjunto de la población este índice solo afecta al 15%. Los judíos africanos viven agrupados en zonas desfavorecidas, como el sur de Tel Aviv, aunque integran la comunidad que tiene el mayor índice de alistamiento en el Ejército, donde muchos confían en emprender una carrera profesional sin las trabas de la vida civil. Segregados a su llegada al país en campamentos de absorción y condenados a los peores empleos, los falashas han vuelto a rebelarse contra la discriminación.

 

Source: Press TV

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