epa07692752 A general view of the Tajoura detention center in Tripoli's, Libya, 03 July 2019. according to media reports, At least 44 people killed and 130 were injured after strike hit the Tajoura detention center held at least 600 refugees were attempting to reach Europe from Libya. The parties disputed didn't claimed any responsibility for the attack.  EPA-EFE/STR

Libia: Refugiados entre el mar y la sangre

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Resumen Medio Oriente, por Guadi Calvo*, 4 de julio de 2019—

Un nuevo capítulo se suma a la sangría libia, cuyos únicos responsables son los Estados Unidos, Europa y un puñado de naciones Árabes encabezado por Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Kuwait y Qatar.

Apenas unos días atrás describíamos la retoma de la estratégica ciudad de Gharyan, a noventa kilómetros al sur de Trípoli, que en el mes de abril, había sido capturada por el Ejército Nacional Libio (ENL) encabezadas por el general Kafhila Hafther y que las fuerzas que responde al Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA), impuesto por Naciones Unidas, presidido por el arquitecto Fayez al-Sarraj, con sede en Trípoli, retomó el pasado miércoles 26 de junio. (Ver Libia: Más sangre, que petróleo)

Hafther había prometido una respuesta “sangrienta”, y ya está cumpliendo. Este último martes se conoció que aviones que responden a Hafther atacaron el centro de detención de Tajoura, a unos 14 kilómetros al sur de Trípoli, donde se encontraban al menos 800 refugiados que habían sido detenidos días antes cuando intentaban llegar a Europa cruzando clandestinamente el Mediterráneo, dejando al menos 63 muertos y unos 120 heridos. Tajoura ya había sido atacado desde el aire el 7 de mayo pasado tras lo que dos civiles resultaron heridos.

Ghassan Salamé, el enviado especial de Naciones Unidas a Libia, ha dicho, desde Paris, que: “el ataque, claramente podría constituir un crimen de guerra, ya que mató por sorpresa a personas inocentes cuyas condiciones extremas les obligaron a estar en ese refugio”. En la misma dirección se expresó la Alta Comisionada de la ONU para los derechos humanos, Michelle Bachelet, que declaró que los ataques aéreos podrían constituir un crimen de guerra.

Este es el número más alto de muertes reconocidas oficialmente en un ataque aéreo de las fuerzas de Haftar, desde que lanzó la ofensiva de abril, que se creía iba a ser mucho más sencilla, cuyo fin era tomar Trípoli y conseguir así el reconocimiento internacional como jefe del estado libio o las hilachas que del quedan.

Según informes, locales las víctimas de los ataques se encontraban recluidas en un hangar, que lo sufrió de manera directa, mientras que en el predio del complejo de detención había unas 600 personas más, incluidos muchos niños.

El LNA de Haftar, negó su responsabilidad, de los ataques, aunque el día lunes Mohammed al-Manfour, comandante de la fuerza aérea de general Haftar, había anunciado que su fuerza iba a intensificar los ataques contra las fuerzas de Trípoli. Desde la ofensiva del 4 de abril ya se han registrado más de 800 muertes.

Tanto los voceros de Hafther, como los de al-Sarraj, cruzan acusaciones acerca de la responsabilidad de este último ataque. Según las fuerzas de al-Sarraj, el centro de Tajoura, no había podido ser evacuado, por la presencia cercana de tropas del general Hafther, mientras, que el Ejército Nacional Libio, responsabiliza a Trípoli, por haber ocupado ese predio con civiles. Mientras que la ONG Exodus afirmó que más allá de la responsabilidad del ataque, ambos bandos utilizan a los refugiados como escudos humanos, además de infiltrar en los Centros de detención, repletos de civiles capturados mientras procuran llegar a Europa, milicianos y armamento.

Los responsables europeos del control de refugiados, desde hace más de dos meses conocían los peligros que estaban atravesando las 3 mil personas detenidas en los centros de detención, debido a que los ataques aéreos y de artillería se aproximaron peligrosamente a las áreas donde se asientas esos campamentos.

A pesar de que Naciones Unidas dispuso el embargo de armas ambos bandos siguen recibiendo ingentes cantidades de insumos bélicos. En los arsenales de Hafther, abandonados en la ciudad de Gharyan, se ha encontrado armamento de fabricación norteamericana y francesa, provistos por los Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Egipto, mientras que las tropas que responden a Trípoli, cuentas con el abastecimiento de Turquía y Qatar.

A mediados de junio Túnez, Argelia y Egipto, habían denunciado el flujo permanente de armas y mercenarios extranjeros, para integrase a las filas del general Hafther

Por otra parte la evidencia de la intervención extranjera en Libia, es cada vez más patente, como lo demuestra la disputa diplomática entre el Cairo y Ankara, que no deja de trepar desde hace semanas, acusándose mutuamente de trasferir armas a uno y otro bando. Tras el bombardeo al campo de detención de refugiados, el presidente norteamericano Donald Trump, ordenó a sus representantes en el Consejo de Seguridad de la ONU, bloquear cualquier tipo de condena al hecho, que se intentaba votar en la reunión de emergencia.

Condenados a la espera.

Casi un millón y 200 mil personas están acechantes en diferentes centros y campamentos ilegales, en espera de la oportunidad de alcanzar costas europeas lanzándose a mar en improvisados lanchones que con mucha frecuencia naufragan sumando más muertos a este holocausto del que nadie quiere hacerse responsable. Europa solo ejecuta políticas de contención para que los refugiados sean detenido incluso antes de ingresar a territorio libio, tanto desde el sur como del este.

Los que ya han alcanzado algún de los puertos de donde salen los traficantes, corren el peligro ya no solo de ser detenido y recluidos en centros de detención administrados por el gobierno de Trípoli a los que los grupos de derechos humanos denuncian de tener condiciones infrahumanas.

Mientras los poderes centrales de Occidente, intentan ocultar el drama que ellos organizaron y llevaron a cabo, nadie se hace cargo de los nuevos muertos en el campo de Tajoura, detenidos cuando intentaban cruzar el Mediterráneo y enviados a campos cercanos a los lugares de combate.

Desde que empezó la ola de refugiad hacia Europa en 2014, se calcula que el número de ahogados ha llegado, oficialmente reconocidas a 2018, 17.900 víctimas sin que se conozca el paradero de otras 12 mil, que bien podrían haber muerto y sus cuerpos desaparecidos. En los que va de 2019 el número de ahogados al Mediterráneo ya ha superado las mil víctimas.

En tierra firme además de los ataques de los bandos rivales, la vida de los refugiados están siendo diezmadas por diferentes enfermedades, ya se ha conocido que al menos 25 personas han muerto por tuberculosis en Zintán al sur de Trípoli, desde septiembre pasado.

En julio del año pasado miembros de Human Rights Watch que inspeccionaron los centros de detención en Trípoli, Misrata y Zuwara, los describieron como de “condiciones inhumana”, dado el hacinamiento severo, fala de higiene, comida y agua escasa y de mala calidad, El panorama para los refugiad además se agrava por la violencia por parte de los guardias, incluyendo palizas, azotes, uso de descargas eléctricas y violaciones constantes. Además se ha conocido muchísimos casos de refugiados que han sido secuestrados para ser vendidos como mano de obra esclava y muchas mujeres introducidas en las redes de prostitución.

Si bien la responsabilidad de Occidente en el drama libio es incontrastable, tanto Europa que lucha para impedir la llegada de nuevos refugiados y Estados Unidos que parece beneficiarse de la crisis europea producida por estos flujos humanos, nadie parece recapacitar que hay un millón 200 mil seres humanos entre el mar y la sangre.

Raúl

*Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.

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