El campo de concentración de Jiam en el Sur del Líbano: la cámara israelí de los horrores

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Resumen Medio Oriente, Al manar en Español, 27 de mayo de 2019—

Los propagandistas de “Israel” en el mundo occidental intentan dar la imagen de que este último es un estado democrático. La historia, sin embargo, ofrece una realidad diferente a esta imagen fabricada. La retirada de Israel del Líbano en Mayo de 2000 a causa de las acciones de la Resistencia libanesa sacó a la luz el horror de los 18 años de ocupación en el Sur del Líbano. Asesinatos, toma de rehenes, maltratos, detenciones sin juicio y torturas sistemáticas fueron una política habitual de los ocupantes israelíes en el Sur del Líbano.

Existen militares israelíes y mercenarios del llamado Ejército del Sur del Líbano, un grupo de colaboracionistas, que están acusados de crímenes de guerra por sus acciones en el Sur del Líbano. El gobierno israelí no sólo entrenó a estos últimos en métodos de tortura sino que también los financió, pagó sus salarios y les proporcionó las armas y los equipos de tortura. Posteriormente, les dio asilo a algunos en la entidad sionista o trató, más bien, de encontrarles refugio en América del Norte o Europa.

La historia comenzó el 14 de marzo de 1978, fecha de la primera invasión israelí del Líbano, que dejó un balance de 550 civiles libaneses muertos. A pesar de una resolución de la ONU que pedía el respeto por la soberanía libanesa y la integridad de sus fronteras, Israel declaró unilateralmente una “zona de seguridad” en el Sur del Líbano desde Nakura hasta el Monte Sheij, en el este, y la ciudad de Yizzin, en el sur.

En Julio de 1981, las Fuerzas israelíes lanzaron una invasión más ambiciosa del Líbano llegando en esta ocasión cerca de Beirut, la capital. En su retorno hacia la frontera de los territorios palestinos ocupados, el Ejército israelí destruyó muchas localidades y puentes que unían Beirut con el Sur del Líbano. Los israelíes también destruyeron la refinería de Zahrani, que proporcionaba gasolina y combustible para el invierno en la región.

El 6 de Junio de 1982, “Israel” lanzó su tercera invasión del Líbano denominada eufemísticamente “Operación Seguridad para Galilea”. Las fuerzas israelíes sitiaron entonces Beirut durante 83 días. Tras varias semanas de bombardeos contra la ciudad, que causaron la muerte de 70.000 libaneses y palestinos, las fuerzas de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) aceptaron abandonar el Líbano para dirigirse a Túnez.

Poco después, en septiembre de 1982, un oficial del Ejército libanés retirado, mayor Saad Haddad, declaró, animado por los israelíes, la autonomía en una región del Sur del Líbano que comprendía tres ciudades, 74 pueblos y unos 90.000 habitantes. Él también formó el llamado Ejército del Sur del Líbano (ESL), bajo el mando del Ejército israelí y la Seguridad General de Israel. Haddad fue sucedido por Antoine Lahad. El objetivo israelí a largo plazo era la anexión de esta zona del Sur del Líbano a “Israel” y el aprovechamiento de las aguas del Río Litani.

Los israelíes y el ESL establecieron una red de centros de detención e interrogatorio, que estuvieron financiados por Israel. Los militares israelíes entrenaron y supervisaron la actuación de los guardias de estos auténticos campos de concentración. Entre ellos estaba, el centro de Maryayun; el cuartel general del ESL en El Taibi; el centro de Al Bitar, en Bint Yebeil; el Centro 17, también en Bint Yebeil; y el Centro de Detención de Jiam, situado cerca del Hospital de Maryayun.

El Centro de Detención de Jiam fue establecido en 1985, en la instalación de una antiguo fuerte construido por los militares franceses en 1930, durante el mandato francés. Durante los 15 años que el campo estuvo en funcionamiento, unos 8.500 libaneses pasaron por la instalación, convertida en un centro de tortura y crimen. El centro estaba nominalmente a cargo de un oficial del ESL, Aamer Fakhoury, que fue sucedido más tarde por Salaam Fakhoury, pero estaba en realidad dirigido, supervisado y financiado por el Ejército israelí.

La mayoría de los internos eran ciudadanos libaneses: hombres, mujeres y niños. Las razones de su detención iban desde llevar a cabo actividades anti-israelíes hasta expresar opiniones contrarias a la ocupación israelí o simplemente el estar en el lugar equivocado en el momento equivocado. Miles de ellos estuvieron detenidos allí durante años sin ser acusados de nada. Allí no había juicios ni tribunales ni ley aplicable. Solo había muerte y tortura y todos los detenidos eran sistemáticamente torturados, con independencia de su género o edad.

La tortura comenzaba tan pronto como los detenidos llegaban al campo. Quizás el más notorio instrumento de tortura era la “barra”. Desnudos, con la cabeza cubierta por una capucha y esposados a esta barra de metal, los internos eran golpeados o se les echaba encima agua helada o muy caliente. A veces eran dejados durante horas colgando de la barra con los pies apenas tocando el suelo. Otros métodos de tortura, según los registros de hospitales cercanos, donde los detenidos eran enviados, incluían mutilaciones, aplicación de descargas eléctricas en los genitales, extracción forzada de dientes y uñas, quemaduras con cigarrillos, amputación de dedos, privación de sueño, dejar a los internos desnudos en los meses de invierno, negación de ir al baño para dejar al preso con sus propios excrementos y violaciones y abusos sexuales. Los abusos contra los parientes eran otro tipo de tortura psicológica.

Después de las torturas, los presos tenían que vivir, comer y dormir en celdas de menos de un metro cuadrado. La comida era totalmente insuficiente. En ocasiones, tres internos tuvieron que compartir una patata, un huevo y cinco aceitunas.

Soha Beshara, de 21 años, fue detenida y llevada al campo de Jiam donde permaneció durante diez años bajo la acusación de intentar matar a Antoine Lahad, líder del ESL. Ella no solo fue físicamente torturada, sino que fue mantenida en un régimen de aislamiento en una celda de 90x90x90 centímetros durante largos períodos de tiempo. Su madre fue llevada al campo y torturada ante ella. Ella fue liberada en septiembre de 1998 tras una oleada de protestas a nivel mundial.

Otro detenido, Suleiman Ramadan, fue mantenido desnudo, con la excepción de unos shorts y una bolsa que le cubría la cabeza. Él fue golpeado tan severamente que su pierna izquierda tuvo que ser amputada. Confinado en una celda minúscula durante 73 días, fue sometido a la tortura del hambre hasta que tuvo que comer la carne muerta que había alrededor de sus uñas torturadas. También se le obligó a tomar laxantes a consecuencia de lo cual sufrió de fuertes diarreas.

No es sorprendente que varios internos murieran como consecuencia de las torturas. Existen registros hospitalarios de fallecimientos durante los interrogatorios o en las celdas por heridas de bala, desangrados etc. Dos de ellos murieron en el Hospital de la Universidad Americana a consecuencia de las torturas poco después de su liberación.

Los detenidos del campo de concentración israelí de Jiam fueron también utilizados como rehenes para ser intercambiados por militares israelíes, vivos o muertos. Esto ha sido una práctica habitual en “Israel”: individuos secuestrados han sido mantenidos en lugares secretos de detención, sin que el Comité Internacional de la Cruz Roja tenga acceso a ellos, y son usados como peones en las negociaciones.

Los testimonios de los internos revelan la forma en la que el campo de Jiam jugó un papel central en la forma en que “Israel” y el ESL mantuvieron el control de la zona ocupada del Sur del Líbano. La deliberada crueldad y la tortura sistemática tenían como objetivo el sembrar el terror en la región para evitar acciones de resistencia contra la ocupación o la expresión abierta de los sentimientos anti-israelíes. Esto, sin embargo, resultó un fracaso y las acciones de la Resistencia fueron in crescendo hasta obligar a Israel finalmente a retirarse del Sur del Líbano en mayo de 2000.

Existen evidencias abrumadoras de que los militares israelíes no solo alentaban, sino que participaban directamente en las torturas. Un programa de la BBC titulado “Israel accused”, emitido el 4 de Noviembre de 2000, entrevistó a un antiguo guardia del campo, Tanios Nahara, que operó allí en el período 1985-87. Él dijo que los militares israelíes administraron torturas a los detenidos. “Ellos (los israelíes) colgaban a los internos de la barra y los electrocutaban. En otras ocasiones estaban presentes cuando los miembros del ESL lo hacían”.

Los horrores del campo de Jiam tenían lugar a solo unos pocos metros de un puesto de observación de la ONU. Es inconcebible que las fuerzas de la ONU ignoraran totalmente lo que estaba sucediendo dentro del campo. Sin embargo, el mandato de estas fuerzas era solo el de “observar” y “no interferir” en lo que estaba ocurriendo. Durante más de 15 años, los soldados de la ONU cumplieron diligentemente con tal misión.

Finalmente, en 1999, un Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre Detenciones Arbitrarias expuso los crímenes cometidos en el campo de Jiam. Declaró que el ESL actuaba allí bajo la supervisión de Israel y bajo sus órdenes, además de ser financiado y equipado por los israelíes. Amnistía Internacional también publicó un informe detallado de los crímenes y torturas que se llevaban a cabo en el “Centro de Detención de Al Jiam”. El Centro Internacional de la Cruz Roja mostró su apoyo al informe de AI.

En respuesta a una demanda de cuatro abogados de la Asociación de Derechos Civiles en Israel, el general de brigada Dan Halutz admitió que “Israel” estaba implicado en lo que sucedía en Jiam y pagaba los salarios de los guardias del campo además de mantener una presencia allí.

Tras la liberación

Tras la liberación del Sur del Líbano por parte de la Resistencia Islámica, el 25 de Mayo de 2000, las puertas del campo fueron abiertas y los detenidos restantes que quedaban allí, unos 144, fueron liberados. Una delegación de Amnistía Internacional entró el 30 de Mayo en el campo y publico un informe de lo que allí había visto señalando que “era una reminiscencia de otra época” (probablemente en referencia a los campos de concentración nazis de la Segunda Guerra Mundial).

Algunos de los responsables del ESL fueron sometidos a juicios en el Líbano tras la Liberación, pero muchos de los verdugos y torturadores del campo lograron huir con la ayuda israelí y la complicidad de algunos gobiernos occidentales. Fuentes en el Líbano han identificado a 20 criminales de guerra que residen en la actualidad en “Israel” o que emigraron a Canadá o Suecia. Uno de ellos, Jean Homsi, un antiguo jefe del campo de Jiam, fue localizado por un equipo de la BBC viviendo en “una casa espaciosa con vistas al Mediterráneo” en la entidad sionista. Él ha adquirido también el estatus de residente en Canadá. Salaam Jean Fakhoury, oficial jefe del campo, y otro interrogador, Hosanna Favour, han estado residiendo al menos temporalmente en Canadá.

Riyadh Adullah, jefe de seguridad en el pueblo de Jiam desde 1985 a 1996, vivió también en Canadá y posteriormente se instaló en Arabia Saudí. Asad Saayed, otro interrogador del campo formalmente acusado de crímenes y torturas por la fiscalía libanesa, vive en Suecia.

Sin embargo, los principales responsables de lo sucedido en Jiam fueron el general israelí Yossi Peled, comandante del Ejército israelí en el Sur del Líbano entre los años 1986 y 1991, y sus sucesores. Él dirigió la ocupación israelí del Sur del Líbano y supervisó la ayuda de todo tipo al ESL. En una entrevista con el mencionado programa de la BBC, él dijo: “Por supuesto que hubo oficiales israelíes de visita en el centro de Jiam. Sería estúpido decir que nadie nunca estuvo allí. El hecho es que estuvimos en la zona de seguridad muchos años y que la prisión de Jiam estaba en la zona de seguridad. No estaba en la luna”.

Por su parte, la Justicia libanesa ha actuado. El 16 de diciembre de 2000, el fiscal militar libanés Riad Talih presentó cargos contra 11 antiguos oficiales del ESL que trabajaron en el campo de Jiam. Entre estos estaban los ya mencionados Jean Homsi, su lugarteniente Jean Shalhoub y Salaam Jean Fakhoury. Todos fueron juzgados en rebeldía por los cargos de torturas y el asesinato de varios detenidos de Jiam y condenados a la pena capital.

Hoy en día, los libaneses desean preservar el campo de Jiam sin cambiar nada, no como una imagen histórica, sino como un testimonio viviente de los crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad cometidos por “Israel”.

 

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