Palestina. Descolonizar los feminismos, despatriarcalizar la solidaridad internacionalista

Palestina. Descolonizar los feminismos, despatriarcalizar la solidaridad internacionalista

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Resumen Medio Oriente, Por Irene Molina, 14 de mayo de 2019—

Mucha gente de mi alrededor ya empieza a hablar y concretar los planes para los días de paro de verano. Dónde ir de vacaciones, donde viajar para desconectar, qué hacer para «aprovechar» los días … Y los siempre recorridos viajes políticos. Cuba, Venezuela, Kurdistán. Hoy quiero animaros a viajar a (y a militar por) Palestina. Pero no de cualquier manera sino desde la solidaridad internacionalista y los feminismos.

Hasta hace un par de años, había ido a Palestina en varias ocasiones, en formato brigada internacionalista. Hace tres años, tuvimos una idea loca y montamos una Brigada Feminista a Palestina. La compusimos mujeres de los Países Catalanes, y con una clara presencia de mujeres del sur. Decidimos que la brigada sería feminista, por el valor que le daríamos a cómo intentaríamos organizarnos antes del viaje, los contenidos de éste, las relaciones, procesos y el trabajo de vuelta a casa. Muchas de las componentes formábamos parte del movimiento feminista y de otros movimientos sociales como la soberanía alimentaria, el BDS o colectivos de barrio. Este viaje me giró la cabeza por completo. Pienso que nunca había tenido incorporada la mirada feminista a la solidaridad internacionalista, y que tampoco era tan fácil en lo concreto. Que requería aprendizajes, mucha escucha, y deconstrucción propia. Y que aún ahora, en estas estamos.

¿Qué retó entender y poner en práctica la solidaridad internacionalista como rasgo diferencial a incorporar en nuestras militancias y a la hora de viajar. Posicionarnos claramente de igual a igual, sin asistencialismo ni paternalismo, ni construcción de dependencias. Hacer una crítica frontal al onegeismo y la cooperación internacional, que hablan de «conflicto», de «procesos de paz», con discursos equidistantes que debilitan las luchas y contribuyen a la despolitización de la población. Hay que tomar conciencia de los privilegios que tenemos y del impacto que provocamos en otras partes del mundo, más allá de las buenas intenciones que llevamos. Hay que deshacernos de los marcos de análisis desde el binarismo blanco y no blanco. Desde el oriente y occidente y desde la jerarquización de países y luchas. Debemos reflexionar sobre muchos aspectos, también cuando nos referimos a otros lugares del mundo, como el «mundo árabe» para referirnos a los «países de habla árabe», cuando realmente no en todas estas zonas se habla árabe (por ejemplo, también encontraríamos otros idiomas como el kurdo o el bereber) ni tienen las mismas culturas. Pero la homogeneización que practicamos desde el «mundo occidental» también es colonialismo. En nuestra Brigada Feminista a Palestina conocimos mujeres muy diversas, con militancias también muy diferentes. Desde las mujeres que se organizan los campos de refugiados para hacer talleres de cocina, como Betlhem, mujeres lesbianas o mujeres que como la Soraida Hussein han sido militantes de movimientos políticos como la OLP. Escuchamos madres, mujeres que nunca han salido de Palestina, políticas profesionales, con velo, sin velo, musulmanes, cristianas, mujeres de ámbitos rurales y de ciudades, jóvenes y viejas.

Incorporar los feminismos descolonial también requiere esfuerzos: descolonizar seleccionados, o como deconstruir las dinámicas colonizadoras, también dentro de los feminismos. Nos hemos desarrollado socialmente con la cultura occidental patriarcal como medida de todas las cosas. Y lo llevamos bien dentro. Cuando viajamos con la Brigada Feminista en Nablus, conocimos las compañeras de Beit Alkarama, un grupo de mujeres que trabajan la soberanía alimentaria como forma de resistencia contra el Estado de Israel, y una de ellas hacia los eternos debates de los feminismos occidentales , sobre el «hecho del velo», la islamofobia de género y el sexismo, nos dijo: «nos cubrimos el pelo, pero no nos tapamos las ideas. El velo no nos quita la libertad «.

Dentro del imaginario colectivo occidental feminista, siempre hemos tenido una visión y unos análisis paternalistas de lo que supone la lucha de las mujeres en los «países árabes». Siempre las hemos miradas desde nuestra perspectiva de mujeres blancas como aquellas a las que hemos de «liberar» porque no son capaces de construir estrategias propias para hacerlo. Qué necesitan o dejan de necesitar para ser libres, o qué actividades hay que priorizar respecto a otros, qué cosas son necesarias o no. Un ejemplo muy recurrente sería dar por hecho que todas las mujeres en Palestina llevan velo o que en general no estudian en la Universidad, cuando en Palestina existe el índice más alto de mujeres universitarias de todo el mundo. Con el proceso de este viaje, entendemos que tener una mirada colonial hacia la vida de las mujeres palestinas (Dependencias, infantilización), y hacia los palestinos en general, es una mirada racista hacia Palestina. Es el resultado de lo que genera la islamofobia. Y nosotros entendemos que ningún racismo tiene cabida en los feminismos.

Desde hace unos años, el Estado de apartheid de Israel está llevando a cabo la estrategia de los Washing: lavados de cara para mostrarse al mundo como un lugar referencial en diferentes ámbitos

Entendiendo que la solidaridad internacionalista es ésta que desarrollamos desde nuestra casa, ¿qué podemos hacer desde aquí en solidaridad con Palestina? Principalmente, desde allí nos piden tres cosas. Una, que vamos, escuchamos atentamente, volvemos a casa y explicamos lo que hemos vivido y visto. La segunda sería hacer BDS, la estrategia política de solidaridad internacionalista central, con más apoyo: Boicot, Desinversiones y Sanciones hacia el Estado de Israel para evitar la legitimación de su sistema colonial, haciendo boicot a los productos, y también evitando que nuestros gobiernos colaboran o legitiman el gobierno israelí desde todos los puntos (colaboraciones entre universidades, transacciones, equipos deportivos, etc.). Lo podemos hacer pidiendo a las instituciones que se posicionan políticamente al lado del derecho internacional y que denuncian el Estado de Israel por violación de los derechos humanos. Tal y como se hizo para el Apartheid de Sudáfrica. Digamos al Estado de Israel que no son un estado «normal». Que son un estado de Apartheid, de opresión, genocidio, demoliciones y ocupación de casas, restricción absoluta del agua, cortes de luces, pérdida de movilidad (muros, controles, checkpoints), transferencia de población, limpieza étnica y sustitución de población, colonización (asentamientos), violación del sistema de los derechos de las personas palestinas (derechos humanos) y no cumplimiento del derecho internacional. Desde hace unos años, el Estado de apartheid en Israel está llevando a cabo la estrategia de los Washing: lavados de cara para mostrarse al mundo como un lugar referencial en diferentes ámbitos. El pinkwashing o el lavado de cara rosa, consiste en mostrarse como un paraíso para las personas LGTBQI + del mundo donde poder disfrutar de playas, rutas y bares propios. Desde el movimiento BDS denunciamos estas políticas de recuperación racista de las luchas LGTBQI a través de las cuales el Estado de Israel justifica su colonización sobre la población palestina. De hecho, dentro de unos días, se llevará a cabo una nueva edición de Eurovisión en Tel-Aviv. El Estado de Israel ganó el año pasado este festival con una canción y una puesta en escena contra el bulling y las violencias derivadas, qué ironía, no? Nos encontramos ante un claro ejemplo de artwashing. El 18 de mayo, apagamos la tele, hacemos boicot a Eurovisión 2019. Bajamos los actos de boicot que muchas asambleas están preparando para este día en diversos lugares, y no consumimos Apartheid.

Por último, y como aprendizaje diferencial de la Brigada Feminista, entendí que no se puede desligar la lucha feminista de la lucha contra la ocupación y en defensa de la tierra. Los feminismos a Palestina se mueven entre reivindicaciones feministas y la autodeterminación de un pueblo. Luchan por los derechos como mujeres y luchan por los derechos como palestinas. A diferencia de algunos feminismos occidentales, allí el feminismo sin la cuestión nacional no tiene sentido, como aquí podría ser los feminismos que no incorporan las cuestiones de clase. En Palestina, la reproducción de la vida cobra una magnitud impresionante: garantizar la vida, para garantizar la continuidad de la lucha de las mujeres. Los cuerpos de ellas son campos de batalla y acumulación de capital, pero también son espacios de resistencia. Ahora mismo son ellas quienes están creando redes vecinales en los barrios más castigados. Son ellas las que salen a la calle para defender los maridos e hijos que el Estado de Israel secuestra habitualmente. Son ellas a través de gabinetes psicológicos que comparten el estrés postraumático que viven consecuencia del empleo. Son ellas las que se ponen delante de la puerta de su casa para defenderla de una demolición.

En definitiva, damos gracias a la práctica de la solidaridad internacionalista y los feminismos, que nos mantienen en red, saboreando el apoyo mutuo, poniendo los cuidados y la vida en el centro, todo el mundo. Sabemos que una de las asignaturas pendientes de las militancias de ahí es descolonizar nuestros feminismos y despatriarcalitzar la solidaridad internacionalista, y lo conseguiremos mediante la autodeterminación y la desobediencia. Es bien conocido el «pacto masculino» del proyecto histórico del capital. Así que no nos queda alternativa más que acabar con el sistema capitalista, racista y heteropatriarcal para salvar la vida y ser personas libres viviendo en pueblos libres.

*fuente: la Directa

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