Palestina: “En toda casa hay al menos un mártir”

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Sobre el campo de refugiados de Balata en Palestina.

Foto portada: El mural pintado en la calle del campo de refugiados de Balata representa la unidad entre los dos partidos políticos más grandes de Palestina: Hamás -representado por el color verde- y Fatah -en blanco y negro.  Foto: PEAPI / LPG

“En toda casa hay al menos un mártir”. Es lo que dice la gente del campo de refugiados de Balata, en la ciudad de Nablus, al norte de Cisjordania. Su superficie es de 252 metros cuadrados. Es el campo de refugiados más grande de Cisjordania. Viven allí 14,789 (datos Gobierno Palestina 2018, https://bit.ly/2DUwxTx)* provenientes de Lydd, Jaffa y Ramleh, territorios que hoy son parte del Estado de Israel. Estas familias fueron desplazadas de sus ciudades en 1948. Luego se fueron a la ciudad de Rafidia y en 1950 se creó el campo de refugiados. Hasta 1963 vivieron en carpas. Después se construyeron las casas de cemento.

¿Quién es un refugiado/a palestino/a según la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA, por sus siglas en inglés), es decir, la parte de la ONU que se encarga de los y las refugiadas? Un refugiado/a palestino/a es una persona cuyo lugar normal de residencia era Palestina durante el período que va del 1º de junio de 1946 al 15 de mayo de 1948 y que, como resultado del conflicto de 1948, perdió su casa y medios de vida. Los y las descendientes de los refugiados palestinos varones, así como sus hijos e hijas legalmente adoptados, también tienen el derecho de ser registrados como refugiados.

El estatus de “refugiado/a” es interesante para pensar algunas cosas, en relación con el de “ciudadano/a”, pero eso ya vendrá desarrollado en alguna otra ocasión.

A simple vista, un campo de refugiados es muy similar a una villa de Argentina u otro país de Latinoamérica. Los tipos de construcción, la cantidad de gente viviendo por casa, los pasillos que hacen las veces de calles. En el campo, la electricidad se corta entre 3 y 4 horas por día. El agua no alcanza. Sin embargo, el contexto que lo enmarca y la realidad que lo oprime tiene que ver con un estado de ocupación que escapa a las realidades de Nuestra América en la actualidad.


Foto: PEAPI / LPG
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