Libyan forces allied with the U.N.-backed government fire weapons during a battle with IS fighters in Sirte, Libya, July 21, 2016. (Goran Tomasevic/Reuters)

Libia: La incertidumbre como hoja de ruta

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Resumen Medio Oriente, por Guadi Calvo*, 8 de abril de 2019—

Una vez más Libia debate su futuro entre facciones que carecen de toda representatividad, por un lado las tropas del mariscal Khalifa Haftar, jefe del Ejército Nacional Libio (ENL), la organización armada más poderosa que quedo en pie desde la debacle que vive ese país tras la entente occidental contra el Coronel Mohamed Gadaffi, que contrala más del setenta por ciento del país, cuyo basamento político está instalado en la ciudad de Tobruk al este del país, donde funciona un parlamento acorde a los intereses de Haftar, y que entre respaldos internacionales cuentan Egipto, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y nada menos que Rusia. Hafther rivaliza con el Gobierno de Unidad Nacional (GNA), un esperpento armado por las Naciones Unidas, cuya figura más importante es el “Primer Ministro” Fayez al-Sarraj, con un paupérrimo control territorial menor al 25 %, pero que cuenta con el importante apoyo de Estados Unidos, Francia, Reino Unido e Italia, y cuya capacidad de fuego la brinda las poderosas milicias de la ciudad de Misrata a unos 200 kilómetros al oeste de Trípoli y otros grupos menores vinculados a movimientos religiosos integristas. Testigos informan que son cientos los camiones cargados de combatientes de diferentes milicias salieron de Misrata y la ciudad de Zintán, el sábado, rumbo Tajura, en los suburbios del este tripolitano, para neutralizar la presencia del ENL de Hafther.

Tanto Hafther como al-Sarraj, tendrían que haber saldado sus diferencias en el acto eleccionario pautado para antes del 10 de diciembre de 2018, según se acordó en la cumbre del 29 de mayo en Paris, bajo los auspicios del presidente Emmanuel Macron; donde las dos partes habían convenido la necesidad de terminar el período transición post guerra civil, y a través de elecciones generales, lograr el surgimientos de un gobierno que preserve la estabilidad del país y pueda unificar las instituciones gubernamentales creadas desde entonces. Todo esto finalmente fue abortado dados los innumerables choques armados que se libran de manera constante en el país.

Nuevas reuniones en Sicilia (Italia) y Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos) habían logrado los mismos resultados de París, pero las  elecciones y las trapisondas electorales tanto de Trípoli, como de Tobruk han postergado sin fecha las elecciones, por lo que el Mariscal Hafther, ha visto ahora si la oportunidad para autoerigirse como “sucesor” del Coronel Gadaffi y el último jueves cuatro, dio la orden a sus tropas de avanzar hacia Trípoli y tomar la ciudad. El mariscal prometió resguardar la vida de civiles, nacionales y extranjeros y a las “instituciones estatales”. Además de amenazar con acabar con los terroristas y mercenarios, que operan a favor de al-Sarraj y sin especificar otros objetivos e ignorando la reunión a la que había convocado Naciones Unidas entre el 14, y 16 de abril en la ciudad de Ghadames, en el oeste del país.

El líder del Gobierno de la Unión Nacional (GNA), Fayez al-Sarraj, advirtió el sábado la posibilidad de que esta nueva estrategia de Hafther se convierta en una “guerra sin victorias”, y el conflicto vuelva a estancarse por mucho más tiempo.

La nueva ofensiva del ANL, apunta principalmente al- presionar a Sarraj y Naciones Unidas, para concluir un acuerdo que le permita a Haftar convertirse en el comandante del único ejército nacional y hombre fuerte del país.

A poco de conocida la noticia Rusia, Francia, Italia, el Reino Unido, los Estados Unidos y los Emiratos Árabes Unidos han solicitado el fin de las operaciones para evitar un nuevo baño de sangre en gran escala. Las potencias occidentales responsables exclusivos de la actual situación de Libia, en un comunicado conjunto han reclamado que: “En este delicado momento de transición en Libia, la postura militar y la amenaza de acciones unilaterales, hacen probable que vuelvan a sumir a Libia en el caos”.

El pasado 28 de febrero la ONU había anunciado un nuevo acuerdo entre los dos bandos, para resolver las fechas electorales mientras el mariscal Haftar terminaba de conquistar el sur del país. En una campaña iniciad en enero, contra los diferentes grupos que operan en Fezzan, un cumulo confuso de organizaciones armadas que puede tanto pertenecer a al-Qaeda, como al Daesh, ser bandas de contrabandistas y traficantes de droga, armas y personas al tiempo que también operan para la insurgencia armada de Sudán, Chad o Níger. (Ver: Libia: Es el petróleo, estúpido).

La campaña del ANL en el sur del país le permitió a Hafther, fundamentalmente terminar de controlar la provincia de Fezzan, y conquistar nada menos que los campos petroleros de al-Fil y el de al-Sharara, el más importante del país, además de acordar con tribus locales, para apoderarse de la ciudad de Sabha, capital de la región. Este golpe a los campos petroleros del sur le permite a Hafther, convertirse en el “dueño” del petróleo libio que representa el 95 por ciento de los ingresos del país ya que en junio del año pasado había concretado el “control total” de lo que se conoce como la “Media Luna Petrolera” en el noroeste del país junto y los puertos de Ras Lanuf y Sidra, por donde la producción petrolera sale hacia los mercados extranjeros.

¿Una guerra o una negociación apurada?

De nada ha servido la visita del Secretario General de la ONU, el portugués Antonio Guterres, quien se reunió el jueves en Trípoli con Fayez al-Sarraj y el mariscal Haftar en Benghazi el viernes, Guterres declaró al abandonar el país con una: “profunda preocupación”, pero que “Todavía guardaba la esperanza de evitar una sangrienta confrontación en Trípoli y sus alrededores”.

Washington, Londres y París han llamado a imponer sanciones a Hafther si continuaba con su ofensiva, pero el apoyo diplomático y militar del Cairo, Abu Dabi y de manera tangencias de Moscú, han mantenido las ínfulas del Mariscal.

Las tropas de Hafther, que ya se habían apoderado de las ciudades más importantes del país, después de fuertes combates y largos sitios como Benghazi, la segunda ciudad más grande de Libia y capital de la Cirenaica, también tomaron Derna, la primera capital del Daesh en el país, ahora van por Trípoli.

El avance del ENL, ha sido detenido por ataques aéreos en la región de al-Aziziya unos 40 kilómetros al suroeste de Trípoli, al tiempo que las fuerzas pro Trípoli han podido desalojar a los hombre de Hafther del Aeropuerto Internacional, a unos 30kilonetrs al sur de la capital, inactivo desde 2014, que habían sido tomado la noche del viernes.

El jueves, los efectivos de Hafther tomaron tres ciudades en las afueras de Trípoli, Gharyan, a unos 90 kilómetros al sur; Surman, 80 kilómetros al oeste; y Aziziya, a 40 kilómetros al suroeste. Los combates en esas ciudades habrían sido de baja intensidad, por lo que se cree que el General Hafther acordó con las autoridades locales para permitir la toma de esos puntos, aunque no pudieron hacerse de un puesto de control a unos 30 kilómetros al oeste de Trípoli, para poder cortar la ruta costera que va hacia Túnez.

La escalada de la violencia en las puertas de Trípoli, por la que ya se han cerrados todas las escuelas, una vez más ha despertado en sus más del millón y medio de habitantes un gran temor y han salido a las calles para abastecerse de insumos básicos. Las colas frente a las estaciones de servicio y supermercados están causadas grandes aglomeraciones, mientras los combates ya se suceden cercanos.

Al caer la noche, del sábado las poderosas milicias pro Trípoli llegadas de Misrata combatían a unos cuarenta kilómetros a las fuerzas de Hafther, se ha sabido que las milicias de Misrata han tomado al menos a unos 150 hombres de ENL junto a una cincuentena de vehículos y poderoso armamento.

Algunos experto insisten que la decisión de Haftar sería un intento de llegar a la conferencia de mediados de abril, en una posición de sumo poder obligando a la-Sarraj a negociar debilitado con su ciudad sitiada y que deba aceptar la constitución de un gobierno de facto con la suma del poder militar y la posibilidad de un gobierno ya unificado, pueda mantener a Haftar en el poder hasta las elecciones generales en las que sin duda se impondría, dada la necesidad del pueblo libio de terminar con la anarquía y consagrar un gobierno de Unidad Nacional.

Los ministros de asuntos exteriores del G7 reunidos en Francia, sin calificar a Haftar como el agresor, han solicitado a todas las partes involucradas a moderar sus acciones y que detengan las acciones militares y el avance hacia Trípoli.

Por su parte el Comando de África de Estados Unidos, (AFRICOM), informó que dada la “mayor inquietud” había reubicado a un contingente no especificado de sus fuerzas sin dar mayores precisiones.

Se cree que Haftar cuenta con una importante fuerza aérea, muy superior a la que podría contra Trípoli, armada por los Emiratos Árabes Unidos. Además de, según Washington unos 300 mercenarios de origen ruso.

La situación es a todas luces muy compleja, por las posibilidades de nuevas matanzas y que el casi millón y medio de refugiados que esperan en los puertos libios para llegar a Europa se desmadren, por lo que sin duda la única hoja de ruta es la incertidumbre.

Diana I (1)

*Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.

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