Crónica desde Palestina: Escombros

Crónica desde Palestina: Escombros

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Resumen Medio Oriente, 3 de abril de 2019—

(Los nombres y lugares de este relato fueron modificados a los fines de preservar el proceso judicial en curso)

El ahorro de toda la vida hecho pedazos. 250 mil shékels (alrededor de 2,5 millones de pesos argentinos) le salió la casa que le acaban de demoler a Ahmad Maalouf y a toda su familia. Viven en una ciudad cercana, son propietarios de ese terreno y el año pasado empezaron a construir para mudarse a un lugar más grande. Hoy se levantaron cuando los vecinos los llamaron para avisarles que había tres bulldozers demoliendo su casa casi terminada.

Vamos a decir que los Maalouf tuvieron suerte. No tuvieron que pagar la demolición como la gente que vive en Jerusalém. Tampoco tienen que ir a vivir en cuevas o carpas como la gente de la comunidad de Khirbet Tana, a quienes en el año 2005 les demolieron todas las casas del pueblo. Los Maalouf tienen otra casa; tienen suerte de no tener que dormir en una carpa esta noche.

Los escombros son demoledores. Cómo evitar la imagen de mi mamá, sentada en la que era su casa, llorando porque la íbamos a perder y no iba a tener donde vivir. Cómo no volver a sentir ese odio que sentía cuando la veía hecha pedazos y cuando me enteraba de que alguien había dicho que la quería ver durmiendo bajo el puente. Cómo no odiar, cómo no querer salir a buscar, insultar, pegar, hacerle cualquier tipo de daño a esa persona que quería sacarle todo a mi vieja, la única que tengo y por la que mataría si fuera necesario. Sí, dije “mataría”. Incluso cuando lo hacían bajo una cierta interpretación de la ley, porque ellos también tenían derechos y estaban bajo el marco legal. Aun cuando todo parecía legal, el odio es odio, y escapa a cualquier interpretación de letrados. Y mi vieja es mi vieja.

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El terreno es Área B, es decir que allí no rige el sistema de demoliciones israelí que expliqué acá. Y aunque rigiera, no se está cumpliendo ni siquiera ese mezquino e injusto marco. Si fuese Área C, según la ley israelí que aplica sólo a palestinos, para demoler una casa en Cisjordania tienen que pasar varias cosas: que el dueño no pueda probar la propiedad del terreno, que se le haya enviado una orden de dejar de construir, que –al haber presentado los papeles para obtener el permiso- le hayan dicho que no, que hubieran respondido negativamente a todas las apelaciones, y que finalmente la persona hubiera recibido una orden de demolición. No pasó ni una sola de todas estas cosas. Pero los escombros están ahí. El odio también. Y la casa no.

Apenas recibió la “Stop Work Order” (orden para dejar de construir), hace un año, Ahmad presentó todos los papeles a las autoridades israelíes. Escritura, pedido de autorización, etcétera, etcétera, etcétera. El pedido nunca fue respondido.

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Apenas recibieron el llamado, los tres varones mayores de la familia fueron al lugar. Los soldados estaban bloqueando la ruta y no los dejaron pasar. Vieron desde atrás del jeep cómo las tres máquinas estaban rompiendo cada pedazo de la casa. Había sillones y algunos muebles que también rompieron.

En un ingenuo intento de diálogo, Ahmad preguntó por qué lo hacían. Pidió que le mostraran la orden de demolición porque a él nunca le habían notificado. Lo único que respondió el joven vestido de verde fue: “No me hables a mí, andá a Bet El (el asentamiento ilegal en donde se encuentra la oficina del Concejo Local encargada de estas cosas, dependiente de la administración militar)”*.

Esta tierra supo ser hace muchos años la tierra que rodeaba una estación de tren. Los israelíes dicen que parte del pueblo es Área C, pero Ahmad asegura que su terreno se encuentra en Área B**.

Hasta los ladrillos se llevaron.

Pero decía que tuvieron suerte. Hoy también en Kobar, otro pueblo del norte que queda a menos de 60 kilómetros, demolieron una casa. Se trata de la casa de una familia en donde hasta 2017 vivía un adolescente que apuñaló (y asesinó) a un israelí. El chico recibió en el acto un disparo de la seguridad privada del asentamiento donde el israelí vivía y murió. Desde ese momento, la familia está siendo amenazada con un “castigo colectivo” (utilizado por los nazis en la Segunda Guerra Mundial y hoy prohibido por el derecho internacional). Hoy lo hicieron efectivo, y la familia del adolescente asesinado se quedó sin casa.

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En 2018, el Estado de Israel demolió 538 casas palestinas, dejando a 1300 personas –incluidos 225 niños- sin tener donde vivir. Además, cerraron o demolieron 12 escuelas y jardines de infantes palestinos***. En el mismo año, se publicaron 3808 licitaciones para comprar casas dentro del territorio de Cisjordania, destinadas a poblar los asentamientos ilegales con nuevos colonos israelíes****. Los israelíes no tienen que pedir permiso para construir en Cisjordania; el gobierno les ofrece comprarlas a precios convenientes.

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* En hebreo, Bet El significa “casa de Dios”.

** Vale aclarar que los Maalouf son propietarios del terreno desde antes de la firma de los Acuerdos de Oslo, que dividieron el territorio de Cisjordania en las áreas A, B y C.

*** https://www.hispantv.com/noticias/palestina/407313/israel-demolicion-casas-escuela-cisjordania

**** https://www.hispantv.com/noticias/palestina/407156/israel-licita-viviendas-colonos-cisjordania

 
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