Somalia: La hoguera eterna

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Resumen Medio Oriente, por Guadi Calvo*, 5 de marzo de 2019—

El último jueves 28 de febrero, militantes del grupo integrista al-Shabaab, tras el estallido de un coche bomba, frente al hotel Maka al- Mukarramah, en una de las calles más comerciales de Mogadiscio, tomó el hotel y un edificio aledaño con un número indeterminado de combatientes, donde resintieron hasta el viernes a la tarde, al asedio de las fuerzas de seguridad. Los combates fueron particularmente cruentos en las horas de la noche en que según testigos, se habría escuchado disparos de artillería y otras armas pesadas, mientras los takfiristas respondían con granadas y fuego de sus fusiles Kalashnikov  o AK-47.

Solo con el estallido del coche bomba habrían muerto 18 de civiles que ocupaban varios cafés cercanos sobre la Maka al-Mukarramah  road, según lo pudo confirmar el periodista Mohamed Moalimu, quien se encontraba allí en el momento de iniciarse el ataque. El hotel fue elegido ya que es frecuentado por funcionarios del gobierno y oficiales de servicios de seguridad.

Se sabe que en el asalto contra los muyahidines atrincherados en el Maka al-Mukarramah, participó el Grupo Alfa, un cuerpo de elite somalí entrenado en Estados Unidos, y que esa fuerza fue rechazado tres veces por los insurgentes antes de poder penetrar en el hotel.

Los primeros números oficiales habla de entre 35 y 40 muertos y más de 100 heridos, sin distinguir entre atacantes, hombres de seguridad y civiles. El hecho remite de inmediato al ataque más resiente de estas características de al-Shabaab contra el complejo hotelero DusitD2 en Nairobi, capital de Kenia, el pasado 15 de enero que se saldó finalmente con 21 muertos entre civiles y atacantes (Ver Kenia: El espanto otra vez en Nairobi.)

Esta no es la primera vez que al-Shabaab, realiza ataques contra objetivo civiles, siendo los hoteles los blancos preferidos donde con las mismas características ha atacado por lo menos media docena de veces. El más letal de sus atentados se produjo el 14 de octubre de 2017, que dejó más de 500 muertos, en pleno centro de Mogadiscio.

Estados Unidos, desde la asunción de Donald Trump, retornó a Somalia incrementado desde entonces sus ataques año tras año, llegando en 2018 a 50 bombardeos contra objetivos del grupo extremista, y en lo que va de este ya ha alcanzado los 25 ataques, que no han logrado, a pesar de haberles ocasionado importantes pérdidas materiales y humanas, reducir la capacidad militar de los fundamentalistas. El mismo jueves en que se producía el ataque contra el Maka al-Mukarramah, en Forsooley, en la región de Baja Shabelle, en el sur del país diferentes ataques norteamericanos dejaron 55 combatientes de al-Shabaab, muertos.

El lunes 25 de febrero hombres armados habían asesinado a ocho trabajadores que se encontraban limpiado una ruta de la carretera Hawa-Abdi a unos 20 kilómetros de Mogadiscio, mientras otros seis resultaron heridos. Si bien el ataque no fue revindicado por al-Shabab, la organización integrista ha declarado una guerra sin cuartel contra todos aquellos que de una u otra manera colaboren con el gobierno del presidente Mohamed Abdullahi Farmaajo.

Este último lunes, hombres de las fuerzas de seguridad arrestaron a tres jóvenes pertenecientes a al-Shabaab que estarían vinculados a una serie de asesinatos selectivos contra varios funcionarios y delegados que participaron en las elecciones de 2016-17 en Mogadiscio y sus alrededores a lo largo de estos últimos dos años. Según la policía, dos de los hombres estaban listos para asesinar a una mujer que había participado en las últimas elecciones y en la actualidad trabajaba en el mercado de khat (una hoja alucinógena de gran consumo en el Cuerno de África y Yemen) en el distrito de Hodan, mientras que el tercero de los detenidos era el  encargado de la distribución del armamento utilizado en ese tipo de acciones.

Los “jóvenes” se afianzan en Kenia.

El grupo Harakat al-šabāb a-muŷahidīn (Movimiento de Jóvenes Muyahidines), también conocido como al-Shabab, fundado en 2006 y que en 2012 hizo su juramento de lealtad o bayat a al-Qaeda, está viviendo un gran momento de expansión en Kenia. El país donde la banda de origen somalí ha protagonizado sangrientas acciones.

En septiembre de 2013 al-Shabaab tomó el Centro Comercial de Westgate de Nairobi provocando más de 70 muertos. En abril de 2015, miembros de la banda salafista asaltaron la Universidad de Garissa al este de Nairobi, dejando otros 170 muertos, en lo que se considera el mayor atentado terrorista de la historia de Kenia, (Ver: Un déjà vu somalí), a lo que hay que sumarle el ataque de 2014 contra el centro turístico de Mpeketoni, al sureste del país, sobre el Indicó donde fueron asesinados 50 turistas (Ver Somalia: A la sombra del olvido.) y por último la ya citada masacre de enero pasado.

Según los investigadores keniatas, los sospechosos del ataque contra el centro hotelero DusitD2 de Nairobi en el pasado enero, pertenecerían a una nueva generación de muyahidines kenianos. La policía está en procura de dar con Ali Salim Gichunge, el presunto autor intelectual del ataque de enero que fue tomado por las cámaras de seguridad del propio hotel y su esposa Violet Kemunto Omwoyo, una cristiana convertida al Islam, de 21 o 22 años originaria de Kisii en el oeste de Kenia.

Sobre Gichunge, de unos 26 años, que era originario del condado de Isiolo en el centro de Kenia, hijo de un militar y perteneciente a la etnia Kikuyu la más numerosa del país. Quien fue entrenado en Somalia, existen versiones encontradas ya que en realidad nada concreto se sabe acerca de su suerte desde el ataque de enero, ya que algunas fuentes lo dan por muerto el mismo día 14, otras como prisionero, mientras también existen versiones que ya habría cruzado la frontera y estaría refugiado en Somalia.

A diferencia de los ataques anteriores que en los que había existido organización y participación somalí, en el caso del caso del DusitD2 se señala como de planificación local, en los que se incluye a varios cristianos conversos. De los cinco atacantes del DusitD2 que murieron durante el ataque, se sabe que tres de ellos pertenecían a la comunidad étnica somalí de Kenia, otro a la región costera y el quinto todavía no ha sido identificado.

Según las fuentes policiales, las armas que utilizaron fueron transportadas desde Somalia a través del condado de Lamu, donde el grupo islamista ha tenido una fuerte presencia en la región boscosa de Boni.

El reclutamiento de nuevos militantes, dado la gran vigilancia habría cambiado de las grandes ciudades como Nairobi o Mombasa a áreas menos controladas como el Valle del Rift y el oeste del país. El informe de la inteligencia keniata marca un  reclutamiento creciente de cristianos conversos, debido a la concesión de becas para Estudios Islámicos, tanto para hombres como para niñas y mujeres jóvenes.

Desde 2008 funciona la rama keniana de al-Shabaab, conocida como al-Hijra, quien ha reclutado militantes en Kenia, a quienes los transportó a Somalia para darles instrucción militar e incorpóralos a sus filas para operar tanto en Somalia como en Kenia, lo que sin duda predice que la hoguera eterna de la violencia en el Cuerno de África, lejos está de apagarse y al parecer se expandirá todavía mucho más.

 

Diana

*Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.

 

 

 

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