Alina “Lêgerîn, una mujer revolucionaria, militante, internacionalista de Argentina”

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Resumen Latinoamericano / KurdistanAmericaLatina/ 22 de marzo de 2018 –

KURDISTAN: Nos vemos en la lucha, Alina (  Leandro Albani )/La sonrisa de Alina, para cambiar al mundo (Claudia Korol) /

 – ¿Cuándo escuché, Alina, tu nombre por primera vez? Fue allá por el 2013, en medio de las montañas de Qandil, cuando nuestro amigo Mehmet me dijo que tal vez venías. Después de eso, todo fue una incógnita hasta que te conocí. De vos sólo sabía que eras de Córdoba, ese territorio donde se ondulan las palabras. También sabía que habías estudiado medicina en Cuba. Con el tiempo supe que en la tierra del herrero Kawa y de las heroicas mujeres kurdas te llamabas Lêgerîn.

Ya ni me acuerdo cuándo nos vimos por primera vez. Sé que estábamos con varias compañeras y compañeros, que nos presentaron, que hablamos sobre Ale Haddad, y que me preguntaste qué tal la había pasado en Qandil. Resumí mi fascinación por ese viaje. Sí recuerdo que te comenté que había conocido a Cemil Bayik, y entonces vos abriste los ojos bien grandes y me dijiste: “¿Estuviste con Yuma?”. “Sí –te contesté-. Es el señor de la nariz grande, ¿no?”. Y nos reímos, vos con un poco más de discreción, pero eran risas al fin.

Charlamos varias veces. En tu último y fugaz paso por Argentina nos reunimos y te escuchamos contar sobre Rojava, las esperanzas, los sueños de los kurdos y las kurdas. Te preguntamos de todo. Nos explicaste cómo estaban tratando de refundar el sistema de salud y te escuché asombrado cuando me dijiste lo que habías sentido al entrar, con las YPG/YPJ, a algunas de las aldeas liberadas de ISIS en Raqqa. “Es todo muy loco”, me contaste, con una frase tan de este sur como vos. “Era todo muy oscuro, una enajenación terrible”, resumiste sobre lo que habían generado los terroristas de ISIS en los pueblos que controlaban y que las YPG/YPJ liberaron.

En esos días también nos preguntabas a todos cómo veíamos la situación, acá en Argentina y en América Latina. Nuestras respuestas oscilaban entre describir una realidad cruel e injusta, y las esperanzas que se sostienen en la lucha cotidiana.

En tu último paso por esta tierra del sur del mundo fuimos a marchas y a charlas; comimos pizza, disfrutamos de los manjares que nos cocinó Erol mientras discutíamos, festejamos con compañeras y compañeros el Newroz y disfrutamos de la música y de la voz de Sosin, que había viajado para compartir con nosotros las más lindas melodías de Kurdistán.

Ayer me avisaron que algo te había pasado. Ayer, 21 de marzo, cuando todo el pueblo de Kurdistán celebra el Newroz, como lo hicimos nosotros el año pasado en Buenos Aires. Hoy leo las noticias. Que fue un accidente de auto, que ibas a Hesekê para seguir organizando un nuevo sistema de salud que se construye, pese a la guerra, en toda Rojava. Al palo, flaca, siempre al palo. Desde allá nos dicen que nunca alcanzan los días para cumplir con todas las tareas de la revolución. Y eso ahora lo entiendo en toda su magnitud.

¿Qué te voy a decir, Alina? Que con tu lucha sembraste, como tantos miles en Kurdistán y en el mundo, otra semilla de rebeldía en la tierra fértil de la revolución. Que no existe la palabra justa y perfecta que resuma tanta rabia y dolor que ahora sentimos muchos de los que te conocimos. Que lo único que nos queda a nosotros, los condenados de la tierra, es regar lo que vos y miles de luchadores y luchadoras siembran todos los días.

Hasta la victoria siempre, compañera…

FUENTE: Leandro Albani / Kurdistán América Latina


La sonrisa de Alina, para cambiar al mundo

 La belleza del mundo ha palidecido con la noticia de la muerte de Alina Sánchez, conocida en Kurdistán como Lêgerîn Çiya, médica internacionalista argentina caída en Kurdistán el 17 de marzo de este año.

Quienes la conocimos, no podemos sostener tanto dolor, porque sabemos que hemos perdido a una mujer revolucionaria de una inmensa sensibilidad y ternura, de una claridad gigantesca en sus convicciones, de una enorme profundidad y seriedad en el análisis y en la determinación a la hora de la acción.

Su sonrisa, sus explicaciones extensas y pacientes sobre la cultura, la historia y la geografía de Kurdistán, sobre la revolución de las mujeres, sobre la experiencia de ese pueblo, nos son inolvidables. En el recorrido que la llevó desde Argentina (Río Negro y Córdoba), hasta su formación como médica en Cuba, y su integración en la experiencia kurda en Rojavá y en otros territorios, Alina, Ale, Ali, Lêgerîn, creó los puentes para que entendiéramos que el patriarcado capitalista libra una guerra mundial contra las mujeres y contra nuestros pueblos, y que mundial es la respuesta que necesitamos realizar. Frente a sus guerras mundiales, multiplicamos la fuerza de nuestras revoluciones internacionalistas.

Alina era una muchacha de mirada clara, diría la canción. Era una sanadora no sólo de las heridas de guerra, sino también de las heridas del alma. Alina era una militante de tiempo completo, como lo son las compañeras kurdas. Alina era seria y alegre. Una persona llena de luz y de humildad revolucionaria.

Haberla conocido, y haber compartido algunos pequeños tramos de su vida, alcanza para sentirnos más comprometidas que nunca con sus sueños, que son los nuestros. Cuidar y defender a la revolución de las mujeres en Kurdistán. Alzar nuestras voces y nuestros gritos por Afrin. Exigir que se termine el genocidio turco y el silencio cómplice de los gobiernos de Rusia, EE.UU., Europa y América Latina. Haberla conocido nos obliga también a mirar a los ojos a nuestros compañeros y compañeras de lucha y exigir una respuesta colectiva solidaria con la lucha de Kurdistán que sobrepase las declaraciones pálidas. Nos exige individual y colectivamente entregarnos, Ali, a una lucha dura, prolongada, intensa, como lo hiciste cada día a cada hora, en cualquier rincón del mundo, para que la belleza siga latiendo en nuestros corazones, tan cercanos al tuyo, mientras estemos vivas en las luchas de los pueblos.

Cuando hay actos tan inmensos, y dolores tan intensos, las palabras se escapan como lágrimas, se vuelven nudos en nuestras gargantas y en nuestros gestos.

Pero aquí estamos, querida Alina, Lêgerîn, para traerte una vez más a nuestras huellas, a nuestra Plaza, a todos los lugares donde tu sonrisa nos ayude a seguir viviendo.

FUENTE: Claudia Korol / Marzo 2018 / Kurdistán América Latina


 

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