El juego de Erdogan en Medio Oriente

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Leandro Albani/Resumen Medio Oriente, 14 de diciembre de 2017 – Jerusalén “es una línea roja” para los musulmanes, expresó de forma categórica el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan. Este miércoles, el mandatario turco volvió a arremeter contra la decisión de Donald Trump de trasladar la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén, capital histórica de Palestina y lugar que las tres principales religiones del mundo consideran sagrado.

Durante la cumbre de la Organización de la Cooperación Islámica (OCI) celebrada en Estambul, en la que participaron representantes de 48 países, el líder del partido AKP apuntó contra la Casa Blanca por tomar una “decisión unilateral” y advirtió que Al Quds (Jerusalén) “no es solo una causa musulmana”.

En los últimos días, la virulencia de los discursos de Erdogan fue en aumento. Pero su crítica a Washington no implica solamente una supuesta defensa a la causa palestina. Con sus dardos verbales, el presidente turco vuelve a machacar contra el apoyo militar de Estados Unidos a los pueblos del norte de Siria -entre ellos los kurdos-, que combaten a los grupos terroristas.

Desde hace varios años, las milicias de autodefensa, que conforman las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS), son las encargadas de liberar una buena parte del territorio sirio del poder del Estado Islámico (ISIS). Al mismo tiempo, con la conformación de la Federación Democrática del Norte de Siria y su rápida consolidación como proyecto político, social e ideológico que se basa en la democracia, la inclusión y el anticapitalismo, Erdogan observa con terror el despertar del pueblo kurdo y la profundización en su lucha por la libertad.

En el sudeste de Turquía -donde viven alrededor de 20 millones de kurdos a los que todavía se les niegan los derechos básicos-, no son ajenos de lo que sucede en el norte de Siria (Rojava).

Desde hace bastante tiempo Erdogan y el AKP pujan por ponerse al mando de Medio Oriente y del pueblo musulmán en la región, en una lucha abierta pero a su vez solapada con los dos principales polos que se disputan ese poder: Arabia Saudí e Irán. Turquía, bajo el mando de Erdogan, se mantiene en el punto medio de los dos países, sosteniendo buenas relaciones con ambos, pero sin avanzar en la instalación de su hegemonía en la región.

La defensa del mandatario turco a Palestina también tiene que ver con su relación histórica con los Hermanos Musulmanes, grupo creado a principios del siglo XX, con un profundo trabajo político y social en Medio Oriente, y que profesa un Islam conservador, similar al que defiende el propio Erdogan. En Palestina, el Movimiento de Resistencia Islámica Hamas lleva las banderas de los Hermanos Musulmanes, por lo cual el apoyo diplomático y político de Ankara siempre fue explícito y constante.

Pero mientras Erdogan vocifera que no permitirá el avance de Israel sobre Palestina, en su país continúa aplicando una férrea política represiva, principalmente contra el movimiento kurdo. El Ejército turco tiene en claro que el objetivo a eliminar es el pueblo kurdo, no solo de Turquía, sino también de Siria e Irak. Algunos hechos ocurridos en los últimos días demuestran el doble discurso del presidente turco:

-El 11 de diciembre se decretó el toque de queda en varias zonas de la provincia de Mardin. Dos días después, la medida fue ordenada en el distrito de Hasankeyf, en la provincia de Batman. Los toques de queda se realizan horas antes de operaciones militares contra la población kurda. Bajo el amparo del estado de emergencia que rige en Turquía luego del intento de golpe de Estado a mediados de 2016, Erdogan gobierna a través de decretos y las instituciones gubernamentales se encuentran casi paralizadas.

-Apenas 24 horas después, soldados turcos asaltaron la aldea de Bêlekê, en el distrito de Kurtalan, de Siirt, y detuvieron a todos sus habitantes y allanaron las casas, bajo la excusa de una “operación antiterrorista”.

-Desde hace varios días el ejército turco bombardea el Kurdistán iraquí. Solamente el martes, los ataques de la aviación golpearon a las aldeas de Dırê, Erdewê, Sate, Herki, Bedewê, Kiê, Bêgalte, Şuke, Stune, Mervanos Ertis, Herguş, Mawata, Meze, Gunde Şive, Hopê y Adıl Beg. Los bombardeos turcos sobre esta amplia región tienen la avenencia del Partido Democrático de Kurdistán (PDK), que dirige la administración semi-autónoma de la zona.

-En el norte de Siria, los ataques del Ejército turco desde hace meses tienen como blanco el cantón de Efrîn. Hace dos días, la agencia de noticia Anha informó de bombardeos en las aldeas de Basûfan y Beiyê, en el distrito de Shêrava. Cuando el ejército turco no realiza los ataques, se los ordena a grupos terroristas que se unieron a sus filas. Mercenarios del Ejército Libre Sirio, del Frente Al Nusra o del propio ISIS se sumaron a las tropas regulares turcas cuando éstas tomaron las zonas de Al Bab y Jarabulus, con la anuencia de Rusia, Irán y Estados Unidos.

En sus últimos años de gobierno, Erdogan utilizó un fuerte pragmatismo que le permitió abrirse paso en un Medio Oriente devastado y que tanto los poderes regionales como las potencias internacionales intentan controlar. Su postura con respecto al traslado de embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén no es ajena a esta política. Con una Arabia Saudí poderosa pero bastante desprestigiada en el mundo musulmán y con un Irán que avanza todos los días desde lo político y militar, Erdogan se apresura en erigirse como el nuevo defensor de la causa palestina y acumular las simpatías de los pueblos de Medio Oriente. Pero cuando se observa la represión interna que despliega en Turquía y en otros países vecinos, es imposible no preguntarse qué diferencias existen entre las políticas de extermino del Estado de Israel contra los palestinos y las del gobierno turco contra los kurdos. Las diferencias, pese a los discursos incendiarios de Erdogan, no existen.

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