“Boicot, Desinversión y Sanciones”, en defensa de nuestros derechos, contra la Nakba permanente

“Boicot, Desinversión y Sanciones”, en defensa de nuestros derechos, contra la Nakba permanente

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Omar Barguti*/Resumen Medio Oriente/Rebelion, 18 de mayo de 2017 – “Es posible… / es posible al menos a veces… / es posible especialmente ahora… / montar un caballo dentro de la celda de una cárcel / y huir / es posible que los muros de la cárcel desaparezcan / y que la celda se vuelva una tierra lejana / sin fronteras” (Mahmud Darwish).

El 15 de mayo se conmemora el 69 aniversario de la Nakba de 1948, la expulsión generalizada de los palestinos de nuestra patria. Entre 750.000 y un millón de palestinos indígenas se convirtieron en refugiados entre 1947 a 1949 por la acción de los paramilitares sionistas y posteriormente de las fuerzas israelíes para establecer un Estado de mayoría judía en Palestina.

El Comité Nacional de la Campaña Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) hace un llamamiento a las personas de conciencia de todo el mundo para que sigan intensificando las campañas de boicot para que se acaben los vínculos cómplices académicos, culturales, deportivos, militares y económicos con el régimen de ocupación, colonial y de apartheid israelí. Ese es el medio más eficaz de respaldar al pueblo palestino, de apoyar nuestros derechos inherentes según dicta Naciones Unidas, y de resistir de manera no violenta la actual intensificación de la Nakba.

El régimen israelí sigue ejecutando sin piedad la única estrategia constante de su proyecto colonial: el saqueo y la colonización simultánea de la mayor cantidad posible de tierras palestinas y la limpieza étnica progresiva de tantos palestinos como sea posible sin que ello provoque sanción internacional alguna.

Siguiendo los pasos de todos los anteriores gobiernos israelíes, el actual, de extrema derecha, el más abiertamente racista de la historia de Israel, acata las palabras del líder sionista Ze’ev Jabotinsky, quien escribió en 1923: “Cualquier población nativa del mundo se resiste a los colonos siempre y cuando tenga el más mínimo atisbo de esperanza en que puede librarse del peligro de ser colonizado. (…) la colonización sionista o bien se detiene o bien continua sin tener en cuenta a la población nativa. Ello significa que puede proceder y desarrollarse sólo bajo la protección de un poder que sea independiente de la población nativa, tras un muro de hierro que dicha población nativa no pueda romper”.

Después de sesenta y nueve años de desarraigo y despojo sistemático y premeditado de la mayoría de los árabes palestinos indígenas de la tierra de Palestina a manos de las bandas sionistas y más tarde del Estado de Israel, la Nakba no ha culminado. El propósito de Israel es construir su “muro de hierro” también en las mentes palestinas y no solo en nuestras tierras, sirviéndose de sus asentamientos ilegales, de su muro de cemento en el territorio palestino ocupado, a través del cerco genocida de más de 2 millones de palestinos en Gaza, de su rechazo al derecho al retorno, de sus leyes y políticas racistas contra los palestinos del interior de Israel, y del incremento violento de la limpieza étnica en Jerusalén, en el Valle del Jordán y el Negev). Israel no escatima la brutalidad cuando intenta generar en nuestra conciencia, de manera incansable y desesperada, la futilidad de la resistencia y la vanidad de la esperanza.

La actual huelga de hambre que siguen más de mil prisioneros y prisioneras palestinas en cárceles israelíes y el apoyo popular que está recibiendo nos dan esperanza.

El aumento del respaldo al BDS por parte de sindicatos internacionales –el más reciente adoptado por la Confederación de Sindicatos de Noruega en representación de más de 910.000 trabajadores– para “un boicot internacional económico, cultural y académico de Israel” por los derechos palestinos, nos da esperanza.

Que ninguno de los 26 nominados a los Oscar a los que el gobierno de Israel ha ofrecido un viaje gratis valorado en 55.000 dólares hayan aceptado el regalo de la propaganda, y que seis de los once jugadores de la Liga Nacional de Fútbol rechazaran un encuentro similar en Israel, nos da esperanza.

El movimiento BDS ha conseguido en poco tiempo alzar el precio de la connivencia empresarial con los crímenes de Israel contra el pueblo palestino. Ha obligado a multinacionales del tamaño de Orange y Veolia a poner fin a su complicidad y ha forzado que el gigante internacional G4S empiece a salir del mercado israelí. Iglesias, ayuntamientos y miles de personas en todo el mundo se han comprometido a boicotear a Hewlett Packard (HP) por su arraigado encubrimiento de la ocupación israelí y de su apartheid. Esto nos da, a nosotros y a muchas otras campañas internacionales de derechos humanos, mucha esperanza.

La decisión del Ayuntamiento de Barcelona de poner fin a la complicidad con la ocupación de Israel junto a decenas de ayuntamientos del Estado español que se han declarado “zonas libres del apartheid israelí”, nos da esperanza.

La desinversión de bancos israelíes o de empresas internacionales cómplices que han puesto en marcha algunas de las iglesias más importantes de Estados Unidos como la Iglesia Metodista Unida, la Iglesia Presbiteriana de Estados Unidos y la Iglesia Unida de Cristo, nos da esperanza.

La difusión de campañas de BDS notablemente eficaces de Sudáfrica a Corea del Sur, de Egipto a Chile, y de Reino Unido a Estados Unidos nos da una esperanza real.

Las coaliciones inter-sectoriales que están surgiendo en muchos países y que re-conectan orgánicamente la lucha por los derechos palestinos con las diversas luchas internacionales por la justicia racial, económica, de género, climática e indígena nos dan una inmensa esperanza.

En 1968, veinte años después de la Nakba aunque sin relación con ella, Martin Luther King dijo: “No puede haber justicia sin paz y no puede haber paz sin justicia”. Durante siete décadas y contra todo pronóstico, los palestinos hemos seguido afirmando nuestro derecho inalienable a la autodeterminación y a una paz genuina que sólo puede venir de la libertad, la justicia y la igualdad.

Pero somos conscientes de que para alcanzar esa paz justa debemos nutrir nuestra esperanza en una vida digna con un compromiso ilimitado de resistir la injusticia, resistir la apatía y, de manera crucial, resistir los desesperados “muros de hierro” de Israel.

En este contexto, el movimiento internacional del BDS dirigido por los palestinos, con su impresionante crecimiento e incuestionable impacto, es hoy un componente indispensable de nuestra resistencia popular y la forma más prometedora de solidaridad internacional con la lucha por nuestros derechos.

Ninguno de sus muros de hierro podrá ensombrecer el sol naciente de nuestra emancipación.

*Traducido por Matías Bru

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