Irán y 38 años de lucha soberana y digna

Irán y 38 años de lucha soberana y digna

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Pablo Jofré Leal/Resumen Medio Oriente/HispanTV, 7 de febrero de 2017 – Una historia marcada por la agresión a su proceso revolucionario, sólo comparable a la que ha sufrido la isla de Cuba, bajo el mismo enemigo: los Estados Unidos de América.

En un contencioso que ha marcado toda una generación, que ha visto transitar su vida entre el triunfo revolucionario, una guerra de agresión que obligó a la denominada santa defensa contra Irak. Años de bloqueos y sanciones por el férreo convencimiento de asumir su soberanía y dignidad a toda prueba. Una época que en julio del año 2015 generaría un punto de inflexión, con la firma de los denominados Acuerdos Nucleares o Plan Integral de Acción Conjunta – JCPOA por sus siglas en inglés – que reconocía en Irán su derecho a desarrollar su programa nuclear pacífico y poner fin a sanciones económicas, políticas, científicas y diplomáticas, que mostraron no sólo su carácter injusto, sino que estériles para doblegar la resistencia iraní.

Hoy, tras cumplirse 38 años del triunfo de la Revolución iraní, en un escenario regional complejo, donde el papel de Irán ha significado romper el mito de la invisibilidad de Occidente y sus socios sionistas y wahabitas, se hace más necesario que nunca resaltar el enorme y trascendental papel que cumple la República Islámica de Irán, en el logro de la defensa de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos de la región. Hoy en Irán se conmemora un triunfo histórico, en un periodo comprendido entre el 1 y el 11 de febrero que se denomina la ‘Década del Alba’ signada por ceremonias, homenajes y actos conmemorativos, que dan cuenta del regreso del exilio del Iman Jomeini alentando al pueblo iraní a intensificar su lucha revolucionaria de manera que diez días después, el 11 de febrero, se logró la caída del régimen monárquico de los Pahlevíes y la victoria de la Revolución Islámica de Irán y con ello el sacudirse definitivamente el yugo estadounidense pero no el peligro de un país que ha generado fuertes tensiones contra la nación persa y una campaña de desestabilización con el objetivo de cercar a Irán y sacar de en medio una espina que tiene atravesada la triada conformada por el imperialismo estadoundiense, el sionismo israelí y el wahabismo saudí.

Desde esa fecha histórica del año 1979, hasta el día de hoy, la historia de relaciones entre Irán y Estados Unidos – a lo que sumamos a socios de este último país como Inglaterra, Francia e Israel, principalmente – ha estado teñida de tensiones. Ya sea a través de una guerrilla verbal, como también enfrentamientos que han puesto en alerta a los ejércitos de ambos países y una serie de acontecimientos, que sitúan a este contencioso como uno de los más complejos en el área del Medio Oriente con claras influencias al Asia Central y el norte africano.

A 38 años del triunfo de la revolución he querido reeditar mis palabras, a la par del papel que cumple Irán, que brilla con más fuerza que nunca, a partir del triunfo en la firma de los acuerdos nucleares, su decidido apoyo a la causa del pueblo palestino contra el sionismo en lucha por su soberanía. Como también el sostén otorgado a los pueblos de Siria, Irak, Yemen y Bahréin. Sólo la República Islámica de Irán ha logrado frenar, en múltiples frentes, los ímpetus del terrorismo global. Un terrorismo impulsado por Washington y sus socios europeos, junto a la entidad sionista, Arabia Saudí, Turquía y las monarquías ribereñas del Golfo Pérsico. Irán lidera así, un Eje de la Resistencia que ha ganado el prestigio y el apoyo de los pueblos de oriente medio, junto a la labor de Hezbolá, fuerzas del gobierno sirio, milicias palestinas y chitas en los países que sufren la agresión del sionismo en alianza con el wahabismo saudí.

Existen una serie de mitos sobre Irán, que es necesario desmontar. Ello, porque constituyen, no sólo una demonización de Irán, sino que demuestran cómo se desvirtúa la riqueza cultural de un país milenario “la demonización y aislamiento de Irán forma parte de una campaña integral y polifacética, cuyo propósito es vilipendiar y condenar al ostracismo al mundo musulmán. Proceso intensificado desde los atentados el 11 de septiembre del año 2001 en Estados Unidos, de los que se culpó a los musulmanes y que pusieron en marcha la denominada por Occidente, como guerra global contra el terrorismo”

Irán ha sido acusado de terrorismo por parte de Estados Unidos, siguiéndole en ello países como Francia e Inglaterra y sin embargo la nación persa, desde hace 276 años no ha invadido ni hostigado a país alguno. Sin embargo, Estados Unidos, sólo en las guerras de agresión contra Corea, Vietnam e Irak ha ocasionado la muerte de 7 millones de personas y 20 millones de heridos, amén de la destrucción casi total de esos países. Sumemos a ello las guerras y acciones de agresión contra Cuba, Nicaragua, Panamá y Granada. La conducta subversiva para derribar gobiernos en Chile, Brasil, Guatemala, Venezuela, entre otros. Sus intervenciones, a través de sus socios occidentales en países africanos y las mortales guerras de liberación nacional que enfrentó a los Movimientos de Liberación africanos contra metrópolis que se resistían a perder el poder en sus colonias ¿el resultado? Millones de muertos, como el millón y medio en Argelia en la defensa ante Francia.

Sigamos sumando con el millón de muertos en Angola, en una guerra civil donde el apoyo a la contrarrevolución venía de Sudáfrica y el Zaire de Mobutu, con el gran hermano mirando desde su atalaya en la Casa Blanca. El apoyo irrestricto con Israel, desde el año 1948 a la fecha, como también en todas las agresiones contra el pueblo palestino, sin que exista disposición alguna, que concrete sanciones, bloqueos o aislamiento del régimen sionista frente a sus crímenes y la violación constante a las resoluciones de las Naciones Unidas. El apoyo a movimientos terroristas de raíz takfirí, para derrocar al gobierno de Bashar al Assad o permitir la represión contra el pueblo yemeni y bahreiní. Y, sin embargo, la idiotez discursiva de los medios de comunicación de Estados Unidos suelen calificar a Irán como un país incivilizado, desconociendo su cultura milenaria y sus contribuciones inestimables a la cultura en la ciencia, economía y estilos de vida del mundo pero, sobre todo, el apoyo sostenido a la lucha por la autodeterminación de los pueblos y seguir teniendo, como eje principal de su política exterior la defensa del derecho del pueblo palestino a su libertad.

¿Objetivo? Destruir a Irán

Estados Unidos, desde el triunfo de la revolución iraní el año 1979, se ha empeñado en destruir la nación persa, a la cual no perdona haber escapado de sus garras. Para ello ha atizado el motor de la ignorancia, de las denuncias sin pruebas, de las acciones desestabilizadoras, el mundo de las sanciones y el bloqueo para causar malestar en la población. Todo ello en el marco de lo que el autor francés Jean Michel Vernochet, en un valiosísimo libro titulado “Irán: la destrucción necesaria” sostiene que es necesario ver, analizar con mirada lúcida las fuerzas que impulsan, no sólo a Israel, sino a todo el sistema occidental dominante (liderado por Estados Unidos) en la decisión política estratégica de implementar una guerra contra Irán.

Para Vernochet ese occidente predador sostiene que “hay que destruir a Irán ¡claro que sí! No sólo para impedir su eventual acceso al arma atómica (algo no muy probable) no sólo porque la independencia de Irán puede poner en entredicho la preeminencia regional de Israel, atalaya occidental en el oriente medio, y como dicen algunos, el estado 51 de los estados unidos, a le vez que el último miembro de la Unión Europea. Es que hay que mantener, a toda costa, la posición dominante de Israel en la región, que depende de su monopolio regional del arma atómica”. Ventaja que trata de defender a toda costa, así se haya constituido en lo que ha sido Israel desde su proclamación en noviembre del año 1948: una entidad colonialista, racista y criminal.

Esta es la prueba de la doble moral occidental, que rasga vestiduras frente al programa nuclear iraní, sin embargo viste de oropeles y joyas a su aliado, triste amante regional, atrincherado en el Levante Mediterráneo, sojuzgando a la población palestina, agrediendo a vecinos y creando el caso mediante el apoyo a movimientos terroristas como Daesh, Ahrar Al Sham o Fath Al Sham – ex Frente Al Nusra –  Asesinado a dirigentes opositores y a científicos nucleares iraníes, apoyando con operaciones de bandera falsa Israel, en una clara alianza con el mundo takfirí, ha decidido incendiar Medio Oriente y para ello las víctimas, por cientos de miles, las ponen los pueblos de Siria, Irak y Palestina.

Los desacuerdos entre Irán y Estados Unidos, son numerosos y en ello los gobiernos de Washington, sin excepción, han contado con el apoyo incondicional de países como Inglaterra, Francia y el régimen de Israel, a los que hay que adicionar a Turquía y las monarquías árabes del Golfo Pérsico, para ofrecer un frente común contra la revolución iraní. La participación de Estados Unidos en materia de intervenciones directas e indirectas en la sociedad iraní se remonta al periodo posterior al fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando en el marco de la Guerra Fría, el águila estadounidense colocó sus ojos y sus garras en el país persa, tratando de situarlo como una pieza de contención contra el avance soviético en la zona y construir una estabilidad “a lo estadounidense” en Oriente Medio. Es así que desarrolló una cercana relación con Mohammad Reza Pahlavi, quien sucedió a su padre, simpatizante de la Alemania nazi durante los años de la SGM y que fue obligado a abdicar en agosto del año 1941. Durante el período que duró la SGM, Irán fue ocupado por británicos y soviéticos.

El año 1951 se elige como Primer Ministro de Irán a Mohamed Mosadeq, quien intentó en agosto del año 1953 nacionalizar la industria petrolera. Ese mismo mes el Sha firma un decreto por el cual destituye a Mossadeq, decisión que es resistida por la población obligando a Mohammad Reza a huir con destino a Roma. Durante el transcurso de este proceso el jefe de la CIA, Allan Dulles arriba a la capital italiana, para así coordinar las acciones que condujeron al derrocamiento de Mossadeq. El Shah retorna a Irán, tras una brevísima estadía en la capital italiana y comienza desarrollar una política de profunda represión apoyado por la policía secreta fundad el año 1957 la SAVAK (Sazeman-e Ettela’at va Amniyat-e Keshvar) Organización de Inteligencia y Seguridad Nacional) cuyos fundamentos, entrenamiento y dirección estuvo en manos de la CIA.

El reinado opresivo del Sah continuó sin grandes contratiempos, a punta de represión, muerte y exilio de sus opositores, convirtiéndose en el títere y más fiel aliado de Estados Unidos, junto a Israel en la zona, con quienes trabajaron en conjunto desde la instauración de la entidad el año 1948 a costa de los territorios palestinos. Más aún, Mohammad Reza reconoce a Israel, como no lo había hecho ningún país de la región, quien se convierte en un asesor permanente en materia de seguridad y entrega de información sobre el mundo opositor en un trabajo conjunto con la CIA y la SAVAK. Era tan estrecha esta relación que funcionarios de la monarquía persa solicitaron el año 1979, a oficiales del Mossad asesinar al Iman Jomeini, convencidos que de esa forma podrían detener la revolución iraní.

Un par de años antes, en 1977, el presidente demócrata estadounidense Jimmy Carter visita la nación persa y declara que Irán “bajo el gran liderazgo del Shah es una isla de estabilidad”. Una declaración, no sólo desafortunada, sino que llena de complicidad con los crímenes cometidos por la policía secreta iraní y, sobre todo, con millones de hombres y mujeres que exigían un cambio político profundo. La “isla de estabilidad”  comenzó a hundirse por el cansancio de una población hastiada de la brutalidad, la corrupción, la autocracia de un gobierno que había hundido a irán y sometido su soberanía a las manos estadounidenses e israelíes. Una profunda crisis económica fue el preámbulo para que el pueblo iraní derrocara a Mohammad Reza, y se lograra el retorno del Ayatolá Ruhola Jomeini, líder espiritual iraní, desde el exilio en Francia, dando comienzo a una nueva etapa en la milenaria historia de la nación persa.

Imperialismo y sionismo: una alianza ciega y bruta

Cercar y destruir a Irán, no sólo porque es una potencia regional y ejerce una influencia decisiva para los pueblos de la zona en su combate por la autodeterminación, como es el caso del Eje de la Resistencia. Destruirla por la codicia que despiertan sus recursos naturales como el petróleo, gas pero también porque  el bloque contra Irán cree que destruyendo la revolución iraní se dará un buen escarmiento a quien se atreva a hablar y avanzar por la soberanía y la dignidad frente al sometimiento global. El ascenso como potencia regional de este Irán dotado de energía a pesar del desgaste, de honor a pesar de las presiones y bloqueos, de voluntad a pesar de los afanes por derribarlo parecen justificar la decisión occidental. La triada Washington, Londres y Tel Aviv teje planes para concretar su plan, a contrapelo de cualquier decisión de organismos internacionales, a pesar de los llamados de alerta. La codicia es más fuerte y ese afán los ciega, los embrutece y nubla.

¿Por qué el encono de las administraciones estadounidenses contra Irán? ¿Cómo entender una política de doble moral en materias de aceptar, avalar  y apoyar el Programa Nuclear de Israel – que no es parte del Tratado de No Proliferación Nuclear, pero ataca, sanciona y presiona a Irán, que es parte del TNPN y que busca a través de ese programa su independencia energética y sobre todo la defensa de su soberanía? Una primera respuesta a estas interrogantes, básica pero esencial, para entender la conducta de Irán frente a décadas de agresión, refiere a la defensa irrestricta de la soberanía de un país, que no se ha dejado someter a las presiones, ataques, cercos y políticas de sometimiento de Estados Unidos, que en conjunto con los gobiernos de Francia, Inglaterra e Israel, principalmente, han dedicado sus esfuerzos a detener el proceso de cambios que Irán comenzó a vivir a partir del año 1979.

Ayer, era la excusa de presionar a Teherán, a quien no se le perdonaba el derribar una monarquía aliada incondicional de Occidente. Posteriormente, se acusó a Irán de expansionismo territorial, en su guerra de defensa contra la agresión iraquí de la década de los ochenta del siglo XX. Una guerra criminal, que contó con la complicidad de occidente. Tras el fracaso bélico, se acusó a Irán de tratar de expandir el chiismo en la región, en función de la defensa de países y movimientos aliados como Siria, Hezbolá y la mayoritaria población chií de Bahréin. Agotado ese recurso político y comunicacional hoy Washington esgrime el programa nuclear, como la excusa perfecta para sindicar a Irán como una amenaza a la paz mundial, a pesar de la firma de los acuerdos nucleares entre el G5+1 que teniendo a Estados Unidos como firmante  sigue teniendo a este país en una conducta de contumacia agresiva contra el gobierno y el pueblo iraní.

En estos días el programa de misiles defensivos también sirve de excusa a Washington y su eco regional como es la entidad sionista, que alertan a los cuatro vientos sobre las pruebas de misiles de Irán. El ministro de Defensa de la nación persa, el general de brigada Husein Dehqan, aclaró el pesado miércoles 1 de febrero de 2017  que estas pruebas no violan de ninguna manera el Plan Integral de Acción Conjunta  – JCPOA, por sus siglas en inglés – ni la resolución 2231 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas “La reciente prueba se ha realizado en el marco de los programas defensivos que mantiene el país persa. Irán no permite ni necesita ninguna intervención extranjera en sus asuntos”, afirmó tajante Dehqan.

Si se trata de atacar a Irán, todo sirve para Estados Unidos, sus aliados occidentales y para el régimen sionista, lo importante es siempre buscar nuevos campos donde tratar de desestabilizar, debilitar y no dejar avanzar los procesos políticos de países que no se alinean con el discurso dominante. La dignidad de los pueblos molesta al imperialismo, le incomoda que alguien salga de la fila y demuestre que se puede avanzar en la independencia más allá de la figura de borregos y países incondicionales y sometidos al poder de Washington. Si no hay adhesión y sumisión entonces los países se arriesgan al establecimiento de políticas como el denominado Golpe Suave – como el que sufre Venezuela – a políticas de agresión a través de bandas terroristas takfirí como las que padece Siria, Libia, Irak  o medidas de coerción, sanciones y bloqueos como las que sufre Irán, destinada a privarle de la sal y el agua.

Por eso, la búsqueda de excusas muestra que el programa nuclear iraní – a pesar de todos los compromisos cumplidos por Teherán – sigue siendo el caballito de batalla de Washington y su complejo militar industrial, que ha encontrado en Donald Trump, oídos receptores para intensificar las presiones contra Irán. Desde el punto de vista de la lógica y la racionalidad, el desarrollo nuclear iraní es parte, no sólo de su camino de decisiones como país soberano, es también parte de un juego político y de negociación. Es una de las maneras que tiene Teherán de advertir a naciones como Israel, Arabia Saudita y Turquía, que está en condiciones de desarrollar su programa nuclear y donde también, si lo quisiera, podría desarrollar armas nucleares. Pero esa decisión está descartada por el edicto religioso emitido por el Líder Supremo de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, que prohíbe la producción de armas nucleares y otras armas de destrucción masiva por ser contrarias a sus creencias. Así de claro.

Eso no es suficiente para Washington y sus títeres regionales, que  esconden los verdaderos objetivos tras sus ataques a Irán: Debilitar su gobierno a punta de sanciones y bajarlo de su condición de potencia regional y las líneas de liderazgo, que ha logrado consolidar desde hace una década. Es tan presente la fabricación de matrices de opinión contra Irán, que series y películas estadounidenses signan a la nación persa como un enemigo constante y dentro de ello una de esas creaciones audiovisuales, una serie televisiva llamada Homeland tiene el programa nuclear iraní en el centro de la trama que involucra a la CIA, el Mossad, Palestina, Siria, una nueva “mandataria” estadounidense  en una caracterización de la nación persa como un enemigo al cual derribar.

Se trata constantemente de demonizar a Irán y se sumerge en la complicidad más abyecta a la entidad sionista, crónica desestabilizadora de la región, la amenaza mayor a la paz en Oriente Medio y presentada en el imaginario de los medios de comunicación occidentales como “la mayor Democracia de Oriente Medio”. Una falacia, que al estilo goebbeliano, de tanto repetirlo se considera cierto en los escasamente críticos medios de comunicación occidentales. En el caso de Israel, a pesar de su negativa en admitir que posee, entre 200 y 400 artefactos nucleares, esa es una realidad innegable. No sólo científicos de ese país, como John Amorin y Mordecai Vanunu  – que reveló esta información al Sunday Times inglés significándole ser secuestrado por el Mossad y trasladado Israel donde se le juzgó por traición – han dado a conocer la posesión de armas nucleares del régimen sionista, sino también informes de inteligencia filtrados tanto del Mossad como de la CIA y aliados del régimen de Israel, como son los organismos de Inteligencia de Francia e Inglaterra.

El régimen de Israel ha desarrollado su programa nuclear para crear armas de destrucción masiva, desde el año 1958 en el Centro de Investigación Nuclear del Neguev, vecino a la ciudad de Dimona, bajo la protección y el apoyo político, financiero y tecnológico de países como Estados Unidos, Inglaterra y Francia, cómplices activos en la violación de leyes internacionales que se le exigen a otros pero se justifican, descaradamente cuando se trata del aliado sionista.

La pugna que los gobiernos estadounidenses han llevado contra Irán desde el triunfo de la revolución, bajo los gobiernos de Jimmy Carter, Ronald Reagan, George Bush padre, Bill Clinton, Georges W. Bush, Barack Obama y el inicio del gobierno de Donald Trump, son la expresión de una forma de entender las relaciones internacionales, a partir de la arrogancia, la búsqueda de la supremacía y hegemonía en el campo internacional y, sobre todo, el profundo desprecio a los afanes de soberanía de los pueblos. Teniendo claro, que si en esa búsqueda de la sumisión de los otros en pos de los objetivos geoestratégicos de Washington hay que destruir una sociedad, fragmentar Estados, balcanizar regiones enteras, hacer polvo años de desarrollo social, hundir en el marasmo y el horror a países  y causar la muerte de cientos de millones de seres humanos, entonces lo harán: sin asco, con desprecio y efectividad.

A pesar de la decisión del gobierno del ex presidente  Obama de avanzar en un proceso de negociación con Irán, existe en Estados Unidos e intensificada en los últimos días con la toma de posesión de Donald Trump  una sorda lucha entre aquellos que desean matizar las sanciones, buscar alternativas de entendimiento, con otras posturas absolutamente belicistas. Ello, planteado por un partido republicano y un gabinete presidencial, que han asegurado que se deben impulsar nuevas sanciones contra Irán – ahora bajo la excusa de las pruebas de misiles por parte de la nación persa – a contrapelo de los acuerdos alcanzados en julio del año 2015 entre el país persa y el G5+1 donde se determinó el fin de las sanciones tras el cumplimiento de los compromisos asumidos por Teherán en el proceso negociador. El objetivo de los Halcones es claro: debilitar a Irán en aras de conseguir sus objetivos de cercar a este país y lograr recomponer su cuestionada hegemonía regional.

Hoy, a inicios del año 2017 en occidente, año 1395 en el calendario persa, en plena agresión contra el pueblo de Irán la defensa de la soberanía de esta cultura milenaria es sinónimo también de dignidad, conceptos que suelen sufrir andanadas de bombas lanzadas por drones, invasiones, misiles que surcan los cielos desde flotas estacionadas a cientos de kilómetros, incursiones áreas que no respetan a niños ni mujeres, que destruyen lo que ha costado miles de años construir. Soberanía y dignidad son conceptos carentes de significado para Estados unidos y sus socios occidentales y de Oriente Medio, pero no para el pueblo iraní en una conducta digna de admirar. La dignidad es un arma poderosa y cuando es parte de la defensa de la soberanía de un país, suele ser buen acompañante a la hora de usar misiles Ghadir y Nasr-e Basir surcando el cielo en un Karrar – 4 en defensa de una Revolución que ha cumplido 38 años.

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