Todos los muertos del 11 de septiembre

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Guadi Calvo*/Resumen Medio Oriente, 12 de septiembre de 2016 – A quince años del monumental golpe al centro cultural y financiero de occidente, el mundo sigue sin reponerse. A partir de entonces, a los casi tres mil muertos que dejaron los ataques al World Trade Center, hay que sumar los cientos de miles o millones de muertos inocentes, que la furia homicida desatada por la administración de George W. Bush, junto a los intereses del complejo militar industrial, regó en cientos de ciudades, miles de pueblos, rutas, caminos y parajes fundamentalmente en el mundo islámico. A esta rápida cuenta hay que sumarles los miles de ahogados en el Mediterráneo, que huyen de los conflictos, o los cientos de masacrados desde la estación de Atocha a París, desde Bruselas a Niza o de San Bernardino a Saint-Etienne-du-Rouvray.

Con su guerra global contra el terrorismo Bush se autoarmó caballero e inició una cruzada que a quince años vista, no sólo no termina, sino que parece proyectarse hacia el infinito, para seguir quemando las vidas de muchos que todavía ni siquiera han nacido.

Una monumental construcción política-mediática ha impedido conocer a quienes, además del grupo de los 19 comandos que secuestraron los cuatro aviones aquel día, protegieron a los verdaderos responsables del atentado.

Como muy bien lo explica el analista internacional Pablo Jofre Leal, el poder en Estados Unidos ha impedido conocer “lo que congresistas como Bob Graham o la candidata Presidencial por el Partido Verde, Jill Stein, han exigido investigar –con relación a una investigación del Congreso estadounidense y 28 páginas que estuvieron bajo absoluto secreto desde el año 2002 a la fecha, suscitó interrogantes sobre la relación entre Arabia Saudí y Estados Unidos, al revelar hechos respecto a que los autores del atentado del 2001, durante su estancia en Estados Unidos estuvieron en contacto, recibieron apoyo o asistencia de personas relacionadas con el gobierno de Riad”.

Aunque la Cámara de Representantes aprobó por unanimidad, este último viernes 9 tras una larga disputa, la ley que permitirá a los familiares de las víctimas del ataque a las torres iniciar acciones legales contra el gobierno saudita, por su presunta participación, hay que recordar que 15 de los 19 comandos que tomaron los aviones eran de nacionalidad saudita. Esta ley que en mayo pasado también aprobó en senado está a punto de ser vetada por el presidente Obama, por los “presuntos” perjuicios para los intereses de norteamericanos, en un futuro. Quizás el presidente Obama, a escaso meses de terminar para siempre su carrera política, intente sacrificarse asumiendo todo el costo político del veto, para encubrir a los funcionarios, particularmente en el área de inteligencia y defensa del gobierno de Georges W. Bush, que dejaron hacer, para encontrar la excusa que permitió tanto a las administraciones de Bush y Obama establecer la doctrina de la guerra permanente, que hasta hoy no ha dado al mundo un día de resuello.

Mambrú se fue la guerra

Todavía no se había aplacado el polvo levantado por la caída de las torres cuándo se iniciaba la cacería de Osama Bin Laden, el excéntrico socio de la CIA y multimillonario saudita que operó en Afganistán para que finalmente los muyahidines vencieran al Ejército Rojo, con la inestimable colaboración de los Estados Unidos que invirtió 15 mil millones de dólares de manera legal, aunque nunca nadie conocerá los fondos secretos que llegaron junto a la logística y la inteligencia aportada por la CIA entre desinteresados aportantes como Pakistán, Arabia Saudita, Qatar y un largo etcétera.

El fracaso de la búsqueda del ex socio, exacerbó las ansias guerreras de Bush, que ordenó desbastar Afganistán, por si algo quedaba sin desbastar, tras décadas de guerra.

Ya que no caía Gerónimo (nombre clave con el que la CIA denominaba a Bin Laden) había que buscar a otro, y que mejor entonces que otro antiguo socio, el presidente iraquí Sadam Hussein, que además de ser muy, pero muy malo, estaba sentado sobre la segunda reserva mundial de petróleo.

La invasión que comenzó el 20 de marzo de 2003, en búsquedas de armas de destrucción masivas, que nunca encontraron, porque no existían como lo denunció el consultor para el Ministerio de Defensa y otros departamentos y agencias del gobierno británico sobre el control de armas y experto en armas biológicas David Kelly, que habían investigado en Irak, por orden de Naciones Unidas, la posibilidad de que Sadam pudiera fabricar armas químicas, su informe concluyó con que no era posible, y tras filtrarlo a la presa, Kelly aparecería oportunamente suicidado en un bosque de Oxford, en julio de 2003, el informe de la junta que investigó ese “suicidio” será secreto por los próximos setenta años.

Ya que ni iban a encontrar armas de destrucción masiva y que en diciembre de ese mismo años encontraron escondido en un pozo, bajo una miserable chapa, las matanzas en Irak no se detuvieron y la única destrucción masiva fue la provocada por los invasores, que generaron más de un millón de muertos, la destrucción del medio ambiente, la contaminación del suelo por la degradación del uranio empobrecido usado en los proyectiles con que han bombardeado grandes regiones de país, que disparó las tasas de malformaciones y cáncer de la población, además de la generación de una guerra religiosa entre chiíes, sunitas, a los que hay que sumar el conflicto kurdo, que hasta hoy no se detiene, además de haber aportado al mundo, en 2014, la creación de Estado Islámico.

La sed de venganza del Pentágono no se sació ni con los miles de muertos de Afganistán, ni con el millón de muertos en Irak. A partir de los últimos meses del 2010 nueva oleada de violencia planeada por el diabólico tridente Obama, Sarkozy y Cameron, que se conoció como la Primavera Árabe que además de algunas revueltas puntuales, alguna caídas de gobiernos, generó guerras de alta intensidad en Libia, con el asesinato del Coronel Gadaffi como gran meta, Siria y Yemen, cuyo número de muertos si alguien lo conoce lo tiene bien guardo pero que sin duda supera por mucho el medio millón, sin contar heridos, la devastación de las infraestructura, la ruina de las economías, y la generación de inter guerras religiosas, tribales y étnicas que no tienen miras de detenerse.

La actual situación en el mundo musulmán, generó la fundación o potenció a bandas fundamentalistas en muchísimos países, como Nigeria, Mali, Túnez, Argelia, Egipto, Somalia, Yemen, Pakistán, Afganistán, China, India, Bangladesh, Indonesia, Malasia y Filipinas en cada uno de estos países se reiteran los atentados suicidas, y las masacres que más allá del número apenas ocupan un modesto en los medios occidentales.

Sin duda el 11 de septiembre de 2001, marcó un hito en la vida de todos, aunque para muchos también el comienzo del fin. Tal como dice la vieja canción infantil: Mambrú se fue a la guerra… No sé cuándo vendrá.

*Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.

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