Una inmensa catástrofe está asolando Yemen; es hora ya de que el mundo despierte

Una inmensa catástrofe está asolando Yemen; es hora ya de que el mundo despierte

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Peter Oborne y Nawal Al-Maghafi , Middle East Eye/Resumen Medio Oriente, 8 de Septiembre de 2016 – El desastre humanitario en Yemen ha entrado este mes en una aterradora nueva fase de horror porque se han reiniciado los ataques aéreos sobre la capital de Sanaa tras una pausa de cinco meses.

Los aviones de la coalición liderada por los saudíes bombardearon la ciudad tras el fracaso de las conversaciones de paz en Kuwait. Los ataques están destruyendo la infraestructura civil y amenazan con impedir que los alimentos y la ayuda tan desesperadamente necesitada lleguen a la capital.

Muchos de los ataques parecen haber sido indiscriminados. Al menos 16 personas, de las que se dicen eran todas mujeres y niños, murieron cuando una fábrica de patatas fritas resultó alcanzada.

El puesto militar más cercano estaba situado a más de un kilómetro de distancia y un amigo del propietario nos dijo que no había actividad bélica alguna en el lugar.

Los ataques de la coalición liderada por los saudíes mataron también a diez personas y destruyeron el 13 de agosto un colegio en Haydan, en la provincia norteña de Saada; por otra parte, un ataque contra un centro médico de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Hajja dejó 19 muertos y 24 heridos, lo que hizo que la organización anunciara que iba a evacuar a su personal de los seis hospitales en que trabajaban en el norte del Yemen.

La coalición dijo que había nombrado a un equipo independiente para que investigara los incidentes en los que mueren civiles.

Los ataques se centraron también en el puerto de Hodeida, en el mar Rojo, y en otros lugares por todo el Yemen. Gran parte del país está ya amenazado de inanición.

La renovación de los ataques aéreos y las nuevas pruebas del asesinato de civiles facilitarán que puedan presentarse nuevos cargos contra Gran Bretaña y EEUU por su complicidad en los presuntos crímenes de guerra y atrocidades saudíes. Los dos países han apoyado a la coalición liderada por los saudíes desde el inicio de la guerra hace dieciocho meses, aunque el Foreign Office británico ha negado de forma repetida que Arabia Saudí haya sido culpable de violaciones del derecho internacional.

Los ministros afirmaron que Gran Bretaña había llevado a cabo una “evaluación” que liberaba a Arabia Saudí de las acusaciones de violación del derecho humanitario internacional.

A finales del mes pasado, en un complicado momento de bochorno oficial, el gobierno británico se vio forzado a admitir que había engañado reiteradamente al parlamento en la información facilitada sobre la guerra en el Yemen. De hecho, el Foreign Office ha tenido que aceptar ahora que Gran Bretaña nunca llevó a cabo esa evaluación, aunque las organizaciones de derechos humanos han estado presentando pruebas sustanciales durante meses de que las atrocidades se habían cometido.

Si tuviéramos las medicinas, estarían aún vivos” Middle East Eye viajó al Yemen como parte de nuestra evaluación de las violaciones del derecho humanitario perpetradas por la coalición liderada por los saudíes.

Descubrimos una serie de pruebas irrefutables de que la coalición, apoyara por el Reino Unido como miembro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, está atacando a los civiles yemeníes en flagrante violación de las normas de la guerra.

Contemplamos pruebas de la despiadada destrucción de los hogares yemeníes por los ataques aéreos saudíes. Hemos hablado con muchos de los supervivientes de esos ataques y escuchado historias desgarradoras de cómo tuvieron que huir de sus casas. También fuimos testigos de primera mano de cómo los saudíes están llevando a cabo siniestros ataques de “doble lanzamiento”.

Este eufemismo describe la práctica de lanzar un ataque previo y después lanzar otro cuando los servicios de emergencia han llegado para rescatar a los heridos de entre los escombros. Esta cruel estrategia se ceba en los civiles por duplicado y les mata en el preciso momento en que confían en ser rescatados.

Los doctores nos dijeron también que el bloqueo contra el Yemen, legitimado por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y apoyado por Gran Bretaña y EEUU para impedir que los suministros de armas lleguen a las partes en conflicto, ha impedido también que medicinas y equipamiento médico lleguen al país.

En el hospital universitario de la República en Sanaa, la capital yemení, el Dr. Ahmed Yaya al-Haifi relató con detalle lo sufrido como consecuencia del bloqueo saudí: “No podemos conseguir suministros médicos: anestésicos, medicinas para el riñón. Hay bebés que mueren en las incubadoras porque no podemos conseguir suministros para tratarlos”.

Al-Haifi estimaba que 25 personas morían cada día en el Hospital de la República por falta de suministros médicos. “Podríamos llamarlo muerte natural”, dijo. “Pero no lo es. Si tuviéramos medicinas, no habrían muerto”. “Considero que han muerto asesinados como si de un ataque aéreo se tratara, porque si tuviéramos medicinas estarían aún vivos.”

Los doctores nos contaron historias similares por todas partes. Hay también pruebas muy fehacientes de que la coalición liderada por los saudíes ha atacado deliberadamente hospitales por todo el país.

Cuatro hospitales de MSF fueron alcanzados por ataques aéreos saudíes antes de que la organización se retirara del país, aunque MSF tuvo buen cuidado en proporcionar con anterioridad sus posiciones GPS a las autoridades saudíes.

 

No hay dirigentes ni paz en el Yemen, pero sí 10.000 muertos

No hay partes inocentes en esta guerra yemení, cuyos orígenes inmediatos se remontan a la Primavera Árabe de 2011 y la posterior retirada del presidente Ali Abdullah Saleh, que era conocido por su gobierno autoritario y corrupto.

Saleh, admirador del exdirigente iraquí Sadam Husein, había gobernado el Yemen desde su unificación en 1990 y con anterioridad, desde 1978, Yemen del Norte, situándose astutamente hacia el final como aliado de Occidente en la “guerra contra el terror” del presidente George W Bush en un intento desesperado por sobrevivir. Esto no fue suficiente para impedir que se viera obligado a renunciar a favor de su vicepresidente, Abd Rabuh Mansur Hadi, en 2012.

La conferencia por el diálogo nacional, que duró dos años, fracasó al ser incapaz de resolver las diferencias entre las diferentes partes y facciones, llegando a un frustrante final a primeros de 2014.

Hadi, que sigue siendo reconocido a nivel internacional como presidente del Yemen, se enfrentó enseguida a la insurgencia de los huzíes, un clan del norte al que Saleh había tratado de suprimir durante el curso de seis guerras brutales.

En 2014, los huzíes irrumpieron desde su bastión norteño en Saada (el centro de su religión zaydí, una variante del islam chií casi exclusiva del Yemen) y tomaron Sanaa. Históricamente, esta región del noroeste del Yemen, y muchas otras partes del país, habían sido gobernadas por los imames zaydíes hasta que se produjo la revolución republicana del Yemen en 1962.

Su eslogan -Dios es Grande, Muerte a EEUU, Muerte a Israel, Malditos sean los Judíos, Victoria para el Islam- aparece pintado o pegado por todas partes en los edificios públicos.

Soldados huzíes, con fusiles Kalashnikov al hombro, son una imagen común por las calles. Según algunos informes, tanto Arabia Saudí bajo el difunto rey Abdullah como los Emiratos Árabes Unidos vinculados con los huzíes, asumieron que un avance huzí hacia el sur se reuniría con las milicias aportadas por Islah, el partido político yemení más próximo a la Hermandad Musulmana.

Esta presunción no llegó a materializarse y los huzíes se dirigieron hacia Sanaa sin encontrar oposición alguna en septiembre de 2014. Al principio, Hadi recibió bien a los huzíes, considerándoles quizá como una vía para debilitar al Islah.

Si así sucedió, fue un terrible error de cálculo: al parecer le pusieron bajo arresto domiciliario y, en una improbable transferencia de lealtades, entraron en una alianza vinculante con su peor enemigo, el depuesto Ali Abdullah Saleh.

Sin embargo, Hadi consiguió escapar (según los rumores, disfrazado de mujer con un burka) y huyó hasta el puerto yemení de Aden. Los huzíes le persiguieron hasta allí, y Hadi se dirigió a Arabia Saudí, donde pidió ayuda.

El rey Salman, que había ascendido al trono saudí pocas semanas antes tras la muerte del rey Abdullah, se avino a los ruegos de Hadi, convencido de que las fuerzas huzíes eran apoderadas de Irán. Allí reunió una coalición de Estados árabes que, desde marzo de 2015, ha estado lanzando bombardeos.

Hasta ahora, todos los intentos de poner fin al conflicto mediante conversaciones de paz han fracasado. Jamie McGoldrick, coordinador humanitario de la ONU, dijo en una conferencia de prensa que se estimaba que habían muerto ya al menos 10.000 personas y que tres millones de yemeníes se habían visto forzados a huir de sus hogares.

Según el Programa Mundial de Alimentos, una gran parte del país está al borde de la inanición.

 

Los atascos de tráfico son un blanco fácil para los ataques aéreos

Al comienzo del conflicto, los saudíes declararon que la norteña ciudad de Saada era una zona militar. Esto les permitió bombardearla de forma indiscriminada.

A los ojos saudíes, las casas residenciales eran objetivos legítimos. Arrojaban octavillas advirtiendo a la gente para que huyera, pero la falta de combustible les impedía hacerlo casi siempre.

Por ello, desde que empezó la guerra resulta muy peligroso visitar Saada y hasta hace muy poco era una ciudad fantasma.

Aprovechamos un alto el fuego frágil y temporal para visitarla. Durante todo el viaje estuvimos acompañados de escoltas huzíes. Controlaron gran parte de nuestras entrevistas, a veces de modo intrusivo, pero no hay otra posibilidad de viajar a través del territorio bajo su poder.

Sin embargo, confiamos en que los testimonios conseguidos son auténticos y que la gente con la que nos reunimos se merece que contemos su historia.

Hubo un tiempo en que los 200 kms de viaje de Sanaa a Saada se hacían en poco más de cuatro horas de coche a lo largo de las excelentes carreteras asfaltadas y bien construidos puentes del Yemen. Esto ya no es así. Hay numerosos controles y tuvimos que hacer 50 copias de nuestro permiso oficial para viajar, emitido por los huzíes, para entregarlo cada vez que nos paraban.

Los primeros puestos de control tras abandonar Sanaa estaban en poder de soldados del ejército yemení leales a Saleh, en coordinación con milicianos huzíes. A medida que nos desplazábamos hacia el norte veíamos cada vez menos efectivos del ejército, sustituidos por combatientes huzíes, miembros de los denominados “comités revolucionarios”.

Sin embargo, el peor obstáculo lo suscitaban los bombardeos saudíes de los puentes, originando enormes retenciones y retrasos en el tráfico.

El puente Khaywan, a dos horas de Sanaa, había sido destruido, creando una cola de camiones que se alargaba durante casi una milla mientras se disponían a cruzar el río por un vado improvisado junto al destrozado puente. Cruzar el río no supuso un gran problema para nuestro vehículo todo terreno. Simplemente fuimos a lo largo de la orilla del río buscando un lugar donde poder cruzar. Pero los camiones, muchos de los cuales llevaban suministros humanitarios vitalmente necesarios, no disponían de esa opción.

Un conductor nos dijo que se temía que iba a llevarle seis o siete días hacer lo que anteriormente era un sencillo viaje desde Arabia Saudí. Estos largos atascos para cruzar los ríos constituyen una presa fácil para los ataques aéreos saudíes.

Los cielos están en llamas”

Cuando nos dirigíamos al norte hacia Saada contemplamos más pruebas de la guerra: edificios destruidos junto a la carretera y patéticas tiendas de campaña de las personas que huían de los combates en la frontera saudí.

Eran víctimas tanto de los huzíes como de la agresión saudí. Las condiciones de vida en esos campos son terribles. El agua y la comida escasean y nos dijeron que no contaban con ayuda alguna de agencias humanitarias. Una viuda, Halima Salah Abdullah, se apiñaba con sus siete hijos en una choza diminuta con paredes que no tenían más de cuatro metros de largo por tres de ancho.

Nos dijo que era tal presión por el espacio que allí habían dormido hasta quince personas la noche anterior. Había huido hacia el sur a causa de los ataques aéreos contra Saada, porqur su marido había muerto durante uno de ellos y tres de sus niños habían resultado heridos.

En otra tienda, Nuria Hamud Awbali, de 20 años, nos relató que ella y sus cinco niños se encontraron atrapados en los combates entre los soldados huzíes y los saudíes en su pueblo en el norte.

Había tantos aviones…”, dijo. “Mi hija Naria vino y me dijo: ‘Los cielos están en llamas’”.

Después se produjo el primer ataque aéreo y Naria, de 13 años, sufrió heridas profundas de metralla en el brazo. Tuvo muchos dolores y padece convulsiones provocadas por el miedo que siente cuando los aviones sobrevuelan por encima de su cabeza. Son tan graves que necesita que la tumben en el suelo y la sujeten. Su mano derecha está atrofiada. La familia huía de pueblo en pueblo pero los ataques aéreos estaban por todas partes.

Nuria Awbali tenía un embarazo avanzado cuando empezó el bombardeo y dio a luz a su hija Regan cuando escapaban de una nueva oleada de ataques saudíes. Nos dijo que lo primero que hizo tras el nacimiento fue ponerse por encima del bebé para protegerla de las bombas que explotaban en las inmediaciones.

Nos vimos atrapados en medio”, dijo. “Un día nos decían que el rey Salman era quien nos atacaba. Al día siguiente, que los huzíes y Saleh. Todos nos atacaban”.

Manadas de perros salvajes deambulan por las devastadas ruinas

Cuando llegamos casi de noche a Saada pudimos ver la escala total de la destrucción. Casi todos los edificios de la calle principal han sido bombardeados y algunos de los suburbios residenciales están dañados de forma irreparable.

Rahban constituía un ejemplo, un complejo de antiguas casas de adobe de varias plantas, muy típicas del norte del Yemen y que datan de épocas antiguas. Antes de la guerra, miles de personas vivían allí.

Ahora todo estaba muy dañado y vacío. Era difícil imaginar siquiera que alguien pudiera volver.

Sus habitantes están muertos o viviendo vidas muy precarias en su condición de personas internamente desplazadas. Los saudíes habían atacado también el centro espiritual de Saada, la mezquita del Imam al-Hadi.

Aunque sigue manteniéndose aún en pie, el antiguo edificio está dañado. No obtuvimos permiso para verla porque se nos dijo que su estado estructural era muy precario como consecuencia de los ataques.

Sin embargo, la plaza que hay en el exterior de la mezquita, algunas de cuyas casas datan de hace mil años o más, está ahora reducida a escombros, albergando sólo una manada de perros salvajes.

 

El horror de los ataques de “doble lanzamiento”

En Saada, Arabia Saudí ha adoptado la táctica asesina de los ataques aéreos denominados de “doble lanzamiento”. El Dr. Mohamad Hajar, director de logística en el Hospital de la República en Saada, nos describió cómo dos trabajadores de una ambulancia habían corrido al escenario de un bombardeo saudí para sacar a cuatro civiles heridos de entre los escombros.

Los habían colocado en la parte de atrás de la ambulancia y se disponían a trasladarlos al hospital cuando los saudíes aparecieron de nuevo con un segundo ataque mucho más mortífero, matando a los dos hombres de la ambulancia y a los cuatro civiles heridos.

En total, en ese ataque aéreo saudí, murieron 26 personas, nos dijeron. Y todos ellos habían corrido hacia el lugar para ayudar a los heridos.

Amat al-Karim, la viuda de uno de los trabajadores muertos de la ambulancia, Abdul Malik, nos dijo: “Pasamos dos días buscando los cuerpos porque no había quedado nada. No había ni rastro. Nada que enterrar”.

Dijo que Malik había resultado herido por los ataques aéreos en muchas ocasiones y que el hospital le había instado para que se retirara pero “no estaba dispuesto a renunciar”.

Recordaba cómo él le decía “que si salía fuera y salvaba vidas de la gente, Dios me protegería a mí y a los niños sin que importara lo que pudiera sucederle a él”. Karim sollozó convulsivamente y se abrazó a sus dos hijos al recordar a su marido muerto: “Esto no es vida sin él. La casa está vacía. Le necesitamos. Sus niños le necesitan”.

Le preguntamos qué pensaba de los saudíes. Contestó: “Están asesinando a mujeres y niños en sus hogares. ¿Dónde podemos ir para sentirnos seguros si nos bombardean en nuestras casas?”.

Las bombas que no estallan, matan después

A pesar del alto el fuego, Saada estaba también sintiendo los efectos letales de las bombas de racimo dejadas por los bombardeos anteriores.

Son especialmente peligrosas porque están diseñadas para que exploten en el aire, dispersándose en decenas de dispositivos más pequeños. Pueden permanecer en los alrededores tras un ataque durante meses o años, representando una amenaza para los confiados civiles, sobre todo para los niños.

Tan sólo pocos días antes de nuestra visita, Abdul Razaq, de 12 años, y tres amigos volvían de la escuela hacia la granja de sus familias cuando recogieron del suelo una bomba de racimo. La bomba hizo explosión matando a Razaq e hiriendo a uno de los niños.

Fuimos hasta la granja pero sus padres estaban demasiado apenados como para poder hablar con nosotros. “¿Qué sentido tiene?”, preguntaron. “Nada va a devolvérnoslo”

La bomba de racimo que mató a Razaq había sido fabricada en Brasil. Pero los guías huzíes nos llevaron hasta una colina rocosa en las afueras del pueblo de Rezamat, donde nos dijeron que cuatro bombas de racimo de fabricación británica habían caído a tierra en un ataque del pasado año.

Un hombre de la localidad, Salah Hamud, nos dijo que el hijo de un agricultor, Ahmed, resultó herido en el ataque. Los escombros estaban aún por doquier. Hamud dijo que las bombas habían caído cerca de un puesto de control en desuso.

No hay militares por aquí, sólo campesinos”. No pudimos verificar la historia, pero un equipo de investigación de Amnistía Internacional que visitó el Yemen en abril informó que en el país habían hallado munición de racimo sin explotar fabricada en el Reino Unido.

 

 ONU: Los huzíes “utilizaron refugiados como escudos humanos”

Al tener que desplazarnos con escoltas oficiales, no pudimos cruzar las líneas fuera del control huzí para buscar el testimonio de la destrucción y abusos perpetrados por combatientes huzíes. En cualquier caso, es demasiado peligroso viajar a zonas como la asediada ciudad de Taiz, en el suroeste del Yemen, donde se han cometido algunos de los supuestos peores abusos de los huzíes.

Hay abundantes pruebas de las atrocidades huzíes. A principios de año, en un panel de la ONU, que se filtró a la prensa, se acusaba a las fuerzas rebeldes huzíes de perpetrar un “patrón sistemático de ataques que violaban los principios de distinción, proporcionalidad y precaución, incluyendo bombardeos y ataques con cohetes indiscriminados que destruían casas, dañaban hospitales y mataban y herían a muchos civiles”.

El informe del panel acusaba también a los rebeldes huzíes de haber utilizado emigrantes africanos y refugiados como escudos humanos, bloqueando el acceso a los alimentos, agua y suministros médicos en Taiz.

Durante más de un año, la ciudad ha dependido de jóvenes hombres y mujeres que llevaban alimento y suministros vitales a lomos de burros a través de un largo y peligroso camino.

En Taiz, tanto los huzíes como la resistencia que luchaba contra ellos no han tenido ningún miramiento con los civiles, atacando hogares, hospitales, escuelas y lugares del patrimonio nacional. Organizaciones de los derechos humanos como Human Rights Watch y Amnistía han documentado asimismo violaciones del derecho humanitario por parte de los huzíes, como el reclutamiento de niños soldados (algo que resultaba evidente en las calles de las ciudades controladas por ellos), el encarcelamiento de periodistas y activistas, así como el bombardeo de zonas civiles en Taiz, Aden y otros lugares.

Pero, según un informe de la ONU publicado el pasado abril, la campaña de bombardeos liderada por los saudíes ha sido la responsable de la mayoría de las víctimas civiles en el Yemen.

 

De cómo Occidente es cómplice del horror

Desde que se inició la guerra, Gran Bretaña, Francia y EEUU han apoyado a la coalición saudí y sus ataques contra diversos objetivos en el Yemen.

La pasada semana, el secretario de Estado estadounidense, John Kerry, y el ministro británico para Oriente Medio, Tobias Ellwood, viajaron a Yeda para mantener conversaciones sobre el Yemen con diversas autoridades, incluido el ministro de asuntos exteriores saudí, Adel Al-Yubeir, su homólogo emiratí, Abdullah bin Zayed Al-Nahyan, y el enviado especial de la ONU para el Yemen, Ismail Ould Cheikh Ahmed.

Kerry, haciendo un llamamiento para poner fin a la guerra “lo más rápidamente posible”, expuso una serie de propuestas para hacer volver a la mesa de negociaciones a las partes en conflicto. Esas propuestas incluían llamamientos a los huzíes para que se retiraran de Sanaa y renunciaran al armamento pesado.

Por su parte, Gran Bretaña no sólo ha continuado vendiendo armas a Arabia Saudí y a sus socios, ha suscrito también la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU en apoyo del bloqueo saudí que ha ayudado a crear un desastre humanitario en el Yemen, aunque Gran Bretaña ha intentado persuadir a los saudíes de que permitan que entren los tan necesitados suministros de la ayuda humanitaria.

Gran Bretaña les ha proporcionado también inteligencia y apoyo logístico.

Según Adel al-Yubeir, el ministro de asuntos exteriores saudí, asesores británicos y estadounidenses están en el centro de las operaciones de bombardeos saudíes. Dijo a los periodistas en enero: “Tenemos oficiales británicos y estadounidenses y de otros países en nuestro centro de mando y control. Conocen la lista de objetivos y saben lo que estamos y lo que no estamos haciendo”.

Yubeir añadió que los oficiales extranjeros no jugaban papel alguno al decidir los objetivos: “Los objetivos los decidimos nosotros, no ellos. A nivel técnico no sé bien con exactitud de qué parte del proceso se ocupan, pero sé que son conscientes de la lista de objetivos”.

El ministro saudí de exteriores señaló la presencia de esos observadores extranjeros como “una evidencia que no tenemos por qué esconder”.

Con anterioridad, en agosto, un portavoz de la marina de EEUU en Baréin dijo a Reuters que el ejército de EEUU retiraría a la mayor parte del personal que estaba coordinando la campaña aérea dirigida por los saudíes.

El teniente Ian McConnaughey dijo que la reducción –desde un pico de alrededor de 45 miembros a menos de cinco- no tenía nada que ver con las preocupaciones internacionales ante la cifra creciente de víctimas civiles.

Una portavoz del Foreign Office nos dijo que “el Reino Unido no es miembro de la coalición liderada por Arabia Saudí. No hay personal británico implicado en el desarrollo de los ataques, ni dirigiendo operaciones en Yemen, ni seleccionando objetivos y no están tampoco implicados en el proceso de toma de decisiones sobre objetivos de los saudíes”.

Quizá lo más importante de todo sea que Gran Bretaña y EEUU han proporcionado una tapadera diplomática a Arabia Saudí. El año pasado, Gran Bretaña y EEUU ayudaron a bloquear una iniciativa holandesa en el Consejo de los Derechos Humanos de la ONU para que se llevara a cabo una investigación independiente de las violaciones del derecho humanitario internacional.

Cuando señalamos esta cuestión en el Foreign Office, una portavoz nos dijo que “la prioridad del Reino Unido era asegurar un acuerdo interregional sobre un texto que refuerce los derechos humanos en el Yemen mientras instamos a todas las partes a que encuentren una solución a la crisis”.

El entonces secretario de asuntos exteriores británico Philip Hammond (que el pasado mes se convirtió en ministro de Economía tras las votaciones por el Brexit) ha negado repetidamente que los saudíes hayan hecho nada malo.

En noviembre de 2015, dijo en el parlamento que “no hay ninguna prueba de que se haya violado el derecho humanitario internacional”. El mes de febrero siguiente, fue aún más lejos, afirmando que Gran Bretaña había llevado a cabo “una evaluación y que la coalición no había violado el derecho humanitario internacional”, una afirmación que repitió en tres ocasiones diferentes.

Elwood ha asumido la defensa de Arabia Saudí de forma aún más firme que Philip Hammond asegurando que los huzíes, “habilidosos con los medios”, pueden haber fabricado pruebas de los ataques aéreos saudíes. Sugirió a los parlamentarios que los huzíes “que conocen bien los medios en una situación como la actual, están utilizando sus propia artillería de forma deliberada, atacando zonas individuales donde la gente no le es leal para dar la impresión de que ha habido ataques aéreos de los saudíes”.

Al igual que Hammond, Elwood ha afirmado que el Reino Unido ha realizado su propia evaluación de las violaciones del derecho humanitario internacional.

Sin embargo, el Foreign Office alega ahora que esas sistemáticas tergiversaciones respondieron a supuestos “errores”. El Foreign Office es famoso por la precisión a la hora de informar y no tiene antecedentes de haber cometido “errores” de este tipo.

Tengan en cuenta que esas falsas afirmaciones no se hicieron una vez sino en repetidas ocasiones. Gran Bretaña ha estado protegiendo a Arabia Saudí y a sus aliados mientras combate en el Yemen una guerra homicida e ilegal. Los saudíes son aliados de los británicos desde hace mucho tiempo, un importante comprador de armas británicas y un productor clave de petróleo.

Así pues, hay muchas razones para suponer que el Reino Unido tiene firmes motivos para ignorar o subestimar las pruebas de que la coalición liderada por los saudíes ha violado el derecho humanitario internacional, que estipula protecciones muy firmes para los civiles atrapados en los combates y prohíbe el ataque contra instituciones civiles como escuelas y hospitales.

No hay duda alguna de que los saudíes están preparados para usar su fuerza. En abril, la ONU colocó a la coalición en una lista de violaciones de los derechos de los niños del país, a raíz de un informe de la Organización en el que se citaba la matanza de niños en el conflicto del Yemen.

Tan sólo pocos días después, la ONU revocaba tal decisión tras las presiones saudíes.

En resumen, Elwood y otros ministros del Foreign Office tienen motivos muy poderosos para proteger a Arabia Saudí y facilitar información falsa al Parlamento. Es cierto que los huzíes han cometido muchas atrocidades. Pero esa conducta convierte a Gran Bretaña en cómplice de algo muy parecido a una campaña de crímenes de guerra y asesinatos masivos.

Si Elwood consiguió escabullirse con sus falsas declaraciones se debe a que a muy pocos les importa la inmensa crisis humanitaria que asola el Yemen. Aunque miles de yemeníes se han convertido en refugiados, son muy pocos los que han llegado a suelo europeo para poder atraer la atención de los medios o de los políticos. Y no tienen esperanza alguna de poder lograrlo porque para escapar por tierra, los refugiados tendrían que atravesar cientos de kilómetros de desierto controlado por Arabia Saudí, el país que les bombardea.

Para escapar por mar, tienen que evadir el bloqueo naval dirigiéndose por tierra a la una costa tan hostil como la de Eritrea. Esto implica que, a pesar de que situación es casi tan desesperada como las víctimas de la guerra siria, los yemeníes son invisibles para Europa.

Este es un hecho terrible. Un desastre instigado y secundado por Occidente está desplegándose en el Yemen; es hora ya de que el mundo despierte y sea consciente de esa realidad.


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