La situación sanitaria en Iraq, “bajo una presión extrema”

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Paul C. Webster/Resumen Medio Oriente/The Lancet/Rebelion*, 19 de agosto de 2016 – Más de 13 años después de la ocupación de Iraq encabezada por Estados Unidos en marzo de 2003, los observadores sobre el terreno señalan que su sistema sanitario se encuentra actualmente en unas condiciones mucho peores que las descritas por Clare Short, la entonces Secretaria de Desarrollo de Reino Unido, siete semanas después de la ocupación. “Los hospitales, las clínicas, las instalaciones sanitarias y las plantas de tratamiento de agua tiene una necesidad urgente de mantenimiento”, explicó entonces Clare Short en la Cámara de los Comunes británica. “A consecuencia de ello las vidas del pueblo iraquí son peligrosamente frágiles”.

Esta advertencia de Clare Short, citada en el Informe de la Investigación sobre Iraq [Report of the Iraq Inquire] publicado el 6 de julio [de 2016] por la comisión de investigación nombrada por el gobierno y presidida por Sir John Chilcot, parece que no tuvo mucha incidencia en los planificadores militares antes y durante la ocupación y la guerra que vino después y que continúa todavía. Según el Informe, que describe el estrepitoso fracaso de las obras de reconstrucción llevadas a cabo por Estados Unidos y Reino Unido en Iraq, el gobierno británico no consideró adecuadamente los “efectos probables y reales de sus acciones militares”, incluidos “no solo las víctimas civiles directas sino también los costes indirectos que han supuesto para los civiles a consecuencia del empeoramiento de las condiciones sociales, económicas y sanitarias”.

Para cuantificar estos costes civiles el Informe cita un análisis llevado a cabo en 2013 por un equipo de investigadores estadounidenses, canadienses e iraquíes que calcularon que había un exceso de 461.000 personas muertas desde 2003 a 2011, la mayoría de ellas debido a la violencia directa, aunque el Informe explicaba que aproximadamente una tercera parte de ellas “se debía a causas indirectas, como la falta de funcionamiento de los sistemas de salud, sanitarios, de transporte, comunicación y otros”.

Un informe publicado en 2004 por el ministerio de Sanidad iraquí señalaba muchos fallos en el sistema sanitario casi dos años después de la ocupación. Informaba que aproximadamente el 60% de los 1.717 centros de atención primaria “tenía una necesidad extrema de rehabilitación o de ampliación”. Aproximadamente el 80% de los centros de atención primaria carecía de un generador operativo y un 90% carecía de agua corriente. Reconocía que había una fuerte carencia de medicinas y de artículos básicos. Un 90% de los 197 hospitales del país necesitaban “una profunda rehabilitación”, explicaba el ministerio de Sanidad. “La calidad de la atención sanitaria se ha deteriorado progresivamente”.

Tras describir la “escasez crítica de matronas y de otros profesionales sanitarios”, el ministerio de Sanidad describía un sistema “extremadamente centralizado” en el que “no hay gestión ni habilidades financieras”, escasea la tecnología de información sobre la salud y “la corrupción se ha generalizado y supone un problema fundamental”.

Empeoramiento de la situación sanitaria

Doce años después de que el ministerio de Sanidad reconociera esos problemas varios funcionarios de la OMS y de UNICEF que trabajan en Iraq afirman ahora que el sistema sanitario del país se ha deteriorado aún más debido a los fuertes recortes presupuestarios provocados por la bajada del precio del petróleo y el desplazamiento de millones de civiles a causa del conflicto entre las tropas gubernamentales y los grupos insurgentes. En junio de 2015 la OMS informaba de que 14 grandes hospitales y otras 170 instalaciones sanitarias habían dejado de ser funcionales o estaban destruidos, y que el 45% de los profesionales sanitarios habían sido desplazados. “Esto ha creado unas lagunas considerables en la provisión de la atención sanitaria, incluidos los servicios especializados, como traumatología y obstetricia”, informaba la OMS. “El conflicto también ha deteriorado gravemente el sistema nacional de adquisición y distribución de suministros médicos”.

Dos médicos e investigadores iraquíes que hablaron con The Lancet manteniendo el anonimato por temor a represalias violentas también describen el sufrimiento generalizado de los civiles y unas carencias graves, así como una profunda corrupción dentro del sistema sanitario iraquí.

“La intensificación del conflicto desde 2014 ha tenido un impacto catastrófico sobre los niños”, afirma el representante de UNICEF en Iraq Peter Hawkins, el cual calcula que el índice de vacunación infantil en algunos distritos es de solo el 50%. “Algunos hospitales y centros de atención primaria han informado de que los casos que se atienden han aumentado un 50% al tiempo que los profesionales sanitarios con frecuencia huyen para salvar sus vidas, con lo que los servicios carecen de personal”. Hawkins añadió que desde 2014 la ONU ha verificado más de 50 ataques contra instalaciones médicas y personal sanitario.

Hawkins considera que el sistema sanitario se encuentra “bajo una presión extrema”. Se ha roto el “acuerdo” que había entre el ministerio de Sanidad y el público. “Las competencias médicas están ahí, pero simplemente no hay presupuesto”.

Según informa UNICEF, casi una cuarta parte de los niños iraquíes están raquíticos, en gran parte debido a la desnutrición, a la mala salud maternal y a las enfermedades. En 2016 más de una cuarta parte de los nacimientos en Iraq no serán atendidos por ningún miembro del personal sanitario. UNICEF añade que en las zonas afectadas por el conflicto los servicios de urgencias de obstetricia y neonatales se han visto muy afectados. Las muertes de los recién nacidos suponen un 56% de las muertes de niños menores de 5 años y poco más de la mitad de estas muertes ocurren dentro de las primeras 24 horas de vida.

Hawkins hace especial hincapié en los efectos que tiene para la salud el muy deteriorado sistema de suministro de agua. UNICEF informa de que fuera de las ciudades uno de cada cuatro niños se aprovisiona de agua en ríos y arroyos. UNICEF afirmó que aunque el 94% de los hogares tiene acceso a los servicios municipales de agua, solo un 53% confía en el agua del grifo.

Población desplazada

Altaf Musani, representante de la OMS y Jefe de Misión en Iraq, señala que hasta el momento 3.4 millones de personas en todo Iraq se han visto obligadas a abandonar sus hogares. Solo en mayo y junio de este año otras 85.000 personas huyeron de Faluya, a una hora de camino en coche desde Bagdad, en medio de una batalla para recuperar gran parte de la ciudad en manos del ISIS. La ONU alerta ahora de que las próximas ofensivas militares, incluido un ataque a la ciudad de Mosul al norte, podrían desplazar al menos a otros 2.3 millones de personas. Un estudio reciente sobre la seguridad alimentaria de las personas desplazadas concluyó que el 22% de los hogares no puede satisfacer sus necesidades básicas. Casi tres cuartas partes de las personas desplazadas mencionaban la falta de comida.

Una médica e investigadora desplazada de Faluya que trabaja actualmente en un hospital cercano a la ciudad ofreció a The Lancet, preservando el anonimato, una descripción igual de sombría de la atención sanitaria de Iraq. Explicó que casi el 80% de sus pacientes “se quejan de diarrea y de hambre ya que la mayoría son personas que viven en los campos de refugiados y han sido desplazadas de Faluya y sus alrededores, donde se están produciendo unas agresivas operaciones militares para luchar contra el ISIS”. Añadió que a menudo ni siquiera se pueden obtener los medicamentos más básicos, como los antibióticos.

Falta de médicos

“En ausencia de ley y orden, y ante el caos reinante, las vidas de los médicos siempre están amenazadas, no hay una ley o una constitución que los apoye o se preocupe por su seguridad”, explicó. “Desde 2003 cientos de médicos han sido asesinados sin que se sepa quién los ha matado o por qué”.

El representante de la OMS Altaf Musani describe una “crisis con cuatro facetas” del sistema sanitario iraquí motivada por la violencia generalizada, las enormes cantidades de personas desplazadas, una situación política cercana a la parálisis y los recortes de los presupuestos del gobierno motivados por el precio del petróleo. Advirtió que puede que se cierren muchas instalaciones sanitarias debido a las dificultades financieras. “¿Es necesaria una reforma? Sin lugar a dudas”.

Musani señala que en 2016 varias organizaciones humanitarias pidieron 891 millones de dólares para ayudar los 7.3 millones de iraquíes más vulnerables. A finales de junio de 2016 solo se había proporcionado un poco más del 35% del dinero solicitado y Reino Unido había suministrado solamente 1.5% de este.

En Bagdad un veterano médico e investigador que habló con The Lancet manteniendo el anonimato afirmó que la atención sanitaria empezó a deteriorarse después de la ocupación de 2003 y la guerra debido a la “migración de los profesionales que huyeron debido a los asesinatos, secuestros, chantajes y amenazas”.

Corrupción en el sector sanitario

Este médico e investigador explicó que el ministerio de Sanidad ahora está dirigido por personas de diferentes partidos “cada una de las cuales tiene un objetivo principal, que es beneficiar al partido que le ha nombrado para ese cargo y que le protegerá ante cualquier queja”. Añadió que la corrupción “casi está legitimada en el ministerio de Sanidad, y probablemente en otros ministerios, ya que las personas responsables son miembros intocables de algunos partidos y están apoyadas por las milicias. Se han apropiado de los millones de dólares que sobre el papel se habían destinado a mejorar el sistema sanitario. Ningún profesional honrado puede asomar la cabeza porque está seguro o segura de que la perderá”.

Los dos médicos e investigadores iraquíes que hablaron con The Lancet manteniendo el anonimato afirmaron que dentro del sistema público de salud se han hecho común hacer pagos extras por medicinas y atención médica. Goran Zangana, médico iraquí e investigador de políticas de salud en la Escuela de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad de Edimburgo, explicó que a instancias de los administradores británicos y estadounidenses de Autoridad Provisional de la Coalición el gobierno iraquí introdujo después de la ocupación de 2003 un paquete de servicios básicos de salud en los que el usuario debía pagar una cuota. Zangana afirma que “parte de esta política se copió de las políticas sanitarias de Afganistán en un intento sistemático de reducir las prestaciones de los servicios del sector público en Iraq, que anteriormente tenía el mejor sistema de salud público de Oriente Próximo. Esta política han demostrado ser desacertada”.

*Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos.

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