Elecciones parlamentarias en Irán: triunfo del oficialismo reformista

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Julián Aguirre/Resumen Medio Oriente/Notas, 29 de febrero de 2016 – El pasado viernes 26 de febrero tuvieron lugar de forma simultánea en Irán las elecciones legislativas para definir a los 290 representantes en el Parlamento y a los 88 miembros de la Asamblea de Expertos. El gobierno del presidente Hassan Rouhani apuesta a sobrepasar a sus críticos y obtener una mayoría que ratifique el curso de sus políticas a los ojos de la sociedad iraní.

Alrededor de 33 millones de votantes, de un padrón total de 55 millones de electores habilitados, acudieron a las urnas según reportó el Ministerio de Interior iraní. Un total de 6229 candidatos de las diferentes listas (un 10% ocupado por mujeres) se disputan 290 escaños para conformar el Majlis, el Parlamento iraní, de los cuales cinco son reservados para representantes de las minorías religiosas.

Los primeros anuncios de boca de urna, hechos públicos el domingo, daban la ventaja a la coalición parlamentaria de listas reformistas y moderadas, simpatizantes del presidente Hassan Rouhani electo en 2013, con una contundente victoria en la capital, Teherán. Según el Consejo de Guardianes de la Constitución, órgano encargado de aprobar las candidaturas y supervisar el proceso electoral, los resultados finales serán confirmados el jueves. Rouhani celebró los comicios como una prueba de la “independencia política del país”.

El tutelaje de los guardianes

La República Islámica de Irán da muestra de un sistema político único en el mundo, híbrido entre tradiciones occidentales y las particularidades históricas y culturales de la nación persa. El principio que ha ordenado al país y su Constitución después de que la Revolución de 1979 derrocara a la monarquía del shah Mohammed Reza Pahlevi es conocido como “vilayat al faqih”, que puede traducirse como el “tutelaje” o “gobierno” de los juristas.

Esta doctrina históricamente arraigada en la corriente chiita del Islam (mayoritaria en este país), sitúa al clero no solamente como guía moral y espiritual de la comunidad, sino como parte central en el liderazgo de la vida política. De allí que, a la par de instituciones y figuras que encontramos en los sistemas republicanos occidentales, existen otras en un complejo juego de pesos y contrapesos.

El presidente, electo cada cuatro años por voto directo, si bien encabeza las funciones de gobierno, debe responder últimamente al apoyo o veto que le conceda el Líder Supremo, jefe de Estado que tiene la última palabra en asuntos centrales como la política exterior o la designación de altos cargos. Procedente del clero, reúne en su figura el lugar de máxima autoridad política y espiritual del país, así como de la comunidad chiita a nivel mundial.

Este lugar fue ocupado por el Ayatollah Ruhollah Khomeini desde el nacimiento de la República Islámica, ratificada por un plebiscito en 1979, hasta su fallecimiento diez años después, sucediéndole hasta el día de hoy el Ayatollah Ali Khamenei.

Es la Asamblea de Expertos, compuesta por 88 miembros del clero formados en jurisprudencia religiosa, la cual se encarga de elegir y supervisar al Líder Supremo en el ejercicio de sus funciones, teniendo la potestad de removerlo en caso de considerar que incumpla con su rol. Electa cada ocho años, este año cobra especial atención a medida que se acrecientan los rumores sobre el frágil estado de salud del Ayatollah Khamenei.

Finalmente, el Consejo de Guardianes de la Constitución, cuerpo colegiado de 12 miembros, se encarga de observar la calificación de los candidatos y miembros en los demás órganos de discusión y decisión del país, pudiendo vetarlos. Seis de sus miembros son nombrados por el Líder Supremo y los otros seis son electos por el Parlamento.

Integrado mayormente por miembros del ala conservadora, este año se ocupó de descalificar las candidaturas de más de la mitad de los aspirantes originales al parlamento, en su gran mayoría miembros de listas reformistas. Ente los candidatos excluidos de participar se destaca la de Hassan Khomeini, ni más ni menos que nieto del fundador de la República Islámica, alineado con el bando pro-reformas y aspirante a la Asamblea de Expertos.

La democracia islámica

Antes que unos partidos organizados centralizadamente, Irán se caracteriza por la existencia de un amplio arco de listas, agrupaciones y referentes independientes, ordenándose en el escenario político entre dos amplias coaliciones de “reformistas” y “conservadores”, además de un conjunto de figuras moderadas situadas en el centro. Estos bandos se caracterizan según adhieran a una mayor rigurosidad o apertura dentro del orden social, económico y cultural del Irán posrevolucionario.

Mohammad Reza Aref, quien se retiró de la interna reformista para facilitar la elección de Rouhani, encabeza la lista parlamentaria. Mientras tanto, Akbar Hashemi Rafsanjani se encuentra al frente de la plataforma reformista para la Asamblea de Expertos. Su elección tiene un fuerte peso político, al tratarse de un dirigente histórico de la vieja guardia que acompañó a Khomeini, y por ser un rival abierto del actual Líder Supremo.

La coalición reformista ha vuelto a participar de la contienda electoral tras haber boicoteado los últimos comicios del año 2012. En aquel entonces, un movimiento de protesta pro reforma optó por entrar en abierta confrontación con el entonces presidente Mahmoud Ahmadineyad (alineado con el ala conservadora de línea dura), a quien acusaban de haber sido reelecto fraudulentamente. Pero la detención de las principales figuras reformistas y su exclusión de la vida política acabo por desgastar al movimiento, el cual regresó a la vía electoral para apoyar al pragmático presidente Rouhani.

Tanto la presidencia de Rouhani como la actual apuesta reformista en las urnas dan cuenta de las aspiraciones de un sector de la sociedad iraní, principalmente de sectores urbanos medios y altos, a una estabilización de la economía, el diálogo con Occidente y el fin de las sanciones, así como por una mayor apertura cultural y política, tema sensible entre las generaciones que han crecido en el orden posrevolucionario.

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