Irán: El comienzo del adiós a las sanciones

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Ulises Canales*/Resumen Medio Oriente, 28 de octubre de 2015 – La francesa Total y la rusa Lukoil apuran negociaciones con la compañía iraní de petróleo, y la alemana Lufhansa anuncia más vuelos a Teherán, ahora atractivo destino de gobernantes y dignatarios europeos: el acuerdo nuclear empieza a rendir frutos.

Apenas semanas después de la firma del denominado Plan de Acción Conjunta Integral o Global (PACI o PACG), el 14 de julio en Viena, el maratón de visitas y declaraciones optimistas de personalidades occidentales vislumbraba el alcance del pacto logrado tras 23 meses de intensas negociaciones.

Las lecturas del entendimiento entre Irán y el Grupo 5+1 (los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania) difieren según su procedencia, pero incluso entre partidarios y detractores hay puntos de inexorable convergencia en su alcance económico, diplomático y estratégico.

El aval del Consejo de Seguridad de la ONU y la presión diplomática de Estados Unidos a sus aliados en Medio Oriente, concretamente a Israel, Arabia Saudita y los demás países árabes del Golfo, consiguieron debilitar -aunque sin acallar- las críticas, resquemores y augurios apocalípticos.

Indiferentes a la irritación de Riad y Tel Aviv, una semana después del acuerdo aterrizaba en Teherán un avión con el vicecanciller alemán y ministro de Economía, Sigmar Gabriel, acompañado de funcionarios gubernamentales y representantes de las firmas Daimler, Siemens, Linde, BASF, GIZ y otras.

Entonces, el presidente de la Cámara de Comercio Alemana, Eric Schweitzer, adelantaba que su país se proponía duplicar el comercio con la república islámica a más de cinco mil millones de euros a corto plazo y a 10 mil millones a medio término.

Se trató de una de las tantas visitas registradas entre julio y octubre, pero la de más alto rango fue la del presidente de Austria, Heinz Fischer, cuyo país albergó la fase final de las negociaciones nucleares y fue el primer jefe de Estado europeo en viajar al estado persa después del acuerdo.

Fischer, quien llegó junto a su canciller, Sebastian Kurz, y hombres de negocios, coincidió en septiembre en la capital iraní con los ministros españoles de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria; de Fomento, Ana Pastor; y de Relaciones Exteriores, José Manuel García Margallo.

Y semanas antes que los titulares ibéricos, estuvieron en Irán los cancilleres de Francia y Reino Unido, Laurent Fabius y Philip Hammond, respectivamente, y la alta representante de política exterior de la Unión Europea, Federica Mogherini, todos con una agenda muy variopinta.

Pero octubre, mes del llamado Día de la Implementación (90 jornadas después de la rúbrica), confirmó un rumbo difícilmente reversible con la aprobación por el Majlis (parlamento) iraní de la ley del PACI o “Acción Proporcional y Recíproca del Gobierno” ante Occidente.

En una sucesión de hechos, el Consejo de Guardianes de la Constitución ratificó el visto bueno del Majlis, con lo cual el texto se convirtió oficialmente en ley, y el presidente del Legislativo, Alí Larijani, remitió la normativa al jefe del Estado, Hassan Rouhani.

Rouhani, a su vez, recibió el aval del líder supremo de la Revolución Islámica, ayatolah Alí Khamenei, quien, sin embargo, advirtió que el acuerdo se anularía en caso de violación de la contraparte, en particular si los países occidentales del G5+1 dejasen en pie algún tipo de sanción.

A priori, podría hablarse de una incuestionable victoria del sector reformador dentro de la república islámica, bendecido por su máximo guía, pero las autoridades son conscientes de que el ala conservadora podría obstaculizar su entrada en vigor.

De hecho, el ministro iraní de Inteligencia, Seyyed Mahmoud Alavi, pidió estar vigilantes ante la “traición de los enemigos”, el incumplimiento de sus compromisos y los intentos de algunos por crear condiciones caóticas dentro del país y dañar la unidad nacional.

En una carta a Rouhani, el 21 de octubre, el propio Khamenei reiteró las reticencias que en su momento expresó sobre las verdaderas intenciones de Estados Unidos, y señaló dos posibilidades de trasgresión del acuerdo.

“Cualquier comentario de potencias occidentales de que la estructura de las sanciones quedará intacta o se impondrán otras nuevas a determinado nivel y bajo cierto pretexto, se traduciría en la violación del PACI”, subrayó en la misiva con tres indicaciones precisas, que incluyen nueve requisitos.

Indicó, además, que el Consejo Supremo de Seguridad Nacional -que dirige el presidente- supervise “paso a paso” el proceso de implementación.

Rouhani agradeció el aval de Khamenei y remarcó que su gobierno obrará de buena fe y hará cuanto pueda para acelerar el levantamiento de las sanciones económicas y financieras, pero sin cruzar las líneas rojas trazadas por el líder supremo y monitoreando de cerca la reciprocidad de Occidente.

Al respecto, la delegación iraní que viajó a mediados de octubre a Viena para la primera reunión con el G5+1 tras firmar el PACI subrayó que el pacto será vinculante cuando lo rubriquen los ministros de Relaciones Exteriores.

El vicecanciller y negociador iraní Abbas Araqchi recordó que el acuerdo se irrespetaría si el Congreso norteamericano rechaza eliminar las sanciones a Teherán, cuya voluntad de honrar sus compromisos fue objeto de alabanza por el mismísimo Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA).

Las delegaciones reunidas en Viena explicaron en un comunicado sobre el plan de modernización del reactor de agua pesada de Arak, ahora en su fase final, que intervienen agencias encargadas del tema nuclear de China, Estados Unidos e Irán, bajo la conducción de Teherán y la coordinación de Beijing.

Un comunicado tripartito dejó claro que China encabezará el Grupo de Trabajo y que pueden sumarse otras naciones con experiencia atómica, siempre que se concierte y se acepte por Teherán.

La nación persa se abstendría indefinidamente de construir una planta de procesamiento o de realizar investigaciones sobre esa esfera, y no edificaría ninguna nueva instalación de agua pesada durante 15 años.

También estará obligada a reducir sus existencias de uranio enriquecido de 12 mil a 300 kilogramos, así como a transformar Arak, hasta ahora capaz de producir plutonio apto para fabricar armas, en un reactor de agua ligera.

El ambiente se presenta muy propicio, sobre todo después de que el OIEA anunció que la república islámica reforzará “voluntaria y temporalmente” el Protocolo Adicional, una vez que el arreglo empiece a ejecutarse.

Dicho protocolo permite a veedores del OIEA realizar inspecciones más fuertes y no anunciadas de instalaciones nucleares iraníes -excluidas las militares-, y compromete al país a proveer información sobre todas sus actividades respecto al ciclo del combustible atómico (enriquecimiento).

Irán es signatario del Tratado de No Proliferación y de forma voluntaria aplicó ese protocolo de 2003 a 2005, pero dejó de hacerlo a raíz de que por presiones estadounidenses y de otras potencias occidentales la disputa por su programa nuclear fue llevada al Consejo de Seguridad de la ONU.

De acuerdo con la letra del acuerdo nuclear, todas las sanciones económicas, financieras y de cualquier tipo aplicadas por Estados Unidos, la ONU y la Unión Europea a raíz del programa atómico iraní se eliminarán completamente tan pronto como cobre vigencia.

Ello explica que en la referida visita de los ministros españoles en septiembre se reconoció el atractivo que suscita Irán para el comercio y las inversiones europeas, y se anunció que España está lista para construir 300 hoteles allí y hacer obras de infraestructura en trenes de alta velocidad.

Inversiones conjuntas y transacciones comerciales en infraestructura hotelera y vial, artesanías, turismo, tecnología, energía, agua, textiles, industria automotriz, acero, telecomunicaciones, petroquímica, alimentos y minería figuran en el amplio abanico de proyectos españoles en suelo persa.

Según el jefe de la compañía petrolera iraní, Mohsen Qamsari, avanzan conversaciones para ventas de crudo con renombradas firmas internacionales, incluidas refinerías de Japón, y en ese marco se insertan las pláticas con la Total y la Lukoil pensando en un período post-sanciones que ven inminente.

Las negociaciones también involucran -con fines exploratorios a la espera del nuevo escenario- a la Eni italiana, la BP británica, la Gazprom rusa y la Mitsubishi nipona, según el viceministro iraní de Petróleo Hossein Zamaninia.

De igual modo, la aerolínea Lufthansa planea lanzar vuelos Munich-Teherán en el verano de 2016 y su subsidiaria Austrian Airlines prevé conectar Viena con la capital iraní diariamente a partir del 11 de marzo próximo, en virtud de la creciente demanda favorecida por el resurgir de negocios y el turismo.

Además, el Grupo germano TUI, el mayor consorcio mundial de ocio, viajes y turismo, está en pláticas con autoridades iraníes para hacer inversiones en el lucrativo mercado hotelero y recreativo.

La interminable relación de visitas y proyectos con Teherán incluyó a comienzos de octubre al ministro de Asuntos Económicos, Trabajo y Transporte para el estado federal de Baja Sajonia, Olaf Lies, quien encabezó una delegación de 100 políticos y hombres de negocios alemanes.

En meses recientes, otros empresarios de Asia y Europa también arribaron al país persa a fin de preparar el terreno para transacciones en varias esferas, entre ellas el grupo farmacéutico danés Novo Nordisk que pretende construir una planta de elaboración por valor de 70 millones de euros.

El adiós a las sanciones no sólo está cerca, sino que se antoja prometedor, y tal optimismo lo reflejó el gobernador del Banco Central de Irán, Valiollah Seif, en la reunión del Fondo Monetario Internacional en Perú al vaticinar que cuando sean levantadas, habrá un escenario nuevo para todos.

*Corresponsal de Prensa Latina en Líbano

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